1924-2024
De cómo esta coincidencia centenaria de congresos de la educación católica nos puede ayudar a recobrar lo mejor de nuestra tradición.
No sé si ha sido el azar, la providencia o la intención explícita lo que ha hecho coincidir el próximo congreso de la educación católica con aquel primer congreso de la educación católica que tuvo lugar en 1924, pero me parece una gran oportunidad para echar una ojeada a lo que yo llamo la edad de oro de la educación católica en España: los primeros años del siglo XX y, muy en especial, la década de los veinte. Empecemos por los personajes: Andrés Manjón, que, aunque falleció en 1923, había abierto una línea de compromiso con la educación de los más necesitados; Enrique Herrera Oria, jesuita, que promovió una reflexión sobre el papel de la educación católica; Pedro Poveda, fundador de escuelas innovadoras; Domingo Lázaro, marianista, que maduró su propuesta pedagógica en el colegio Santa María de San Sebastián, donde fue director espiritual de Xabier Zubiri. De entrada nos encontramos con personas de una altísima talla espiritual e intelectual. En todas ellas encontramos una gran aportación intelectual, pero acompañada por proyectos reales. Y compartían un mismo análisis. Es la Institución Libre de Enseñanza la que se ha apoderado del liderazgo educativo y la que está marcando el devenir de la educación en España. Frente a eso, no se trata de oponerse a esa corriente, sino de crear una escuela nueva e innovadora de raíz cristiana que sea capaz de ser percibida por la sociedad laica como una alternativa posible.
A lo largo de la década de los veinte, se fueron dando movimientos promovidos especialmente por Poveda, Herrera y Lázaro con el fin de crear una asociación de las escuelas católicas, con el fin de aunar esfuerzos y hacerse presentes con más claridad en la sociedad. Por fin, en marzo de 1930, se funda la Federación de Amigos de la Enseñanza. Lo primero que llama la atención es su nombre, sin ninguna referencia explícita a su catolicidad, y lo segundo la composición de su gobierno. En palabras de Lázaro: “Un presidente, el conde de Rodríguez, vicepresidente seglar, secretario también seglar. Vocales: el canónigo Poveda, fundador de la Institución Teresiana, admirable organización moderna para la educación de la mujer, otros dos seglares jóvenes activos cristianos, el padre Herrera, jesuita, el padre Lázaro, marianista, un hermano de las Escuelas Cristianas y un hermano marista”. Una de sus primeras iniciativas fue el lanzamiento de una revista de pensamiento pedagógico llamada Atenas, donde encontramos una auténtica fuente de profunda reflexión educativa de raíz cristiana. Llama poderosamente la atención el marcado carácter laico que pretenden dar al proyecto. No hacen cruzada del nombre “católico”, sino que su objetivo es situarse en medio de aquella sociedad convulsa como una voz educativa con valor propio capaz de competir con cualquier otra propuesta educativa. Su discurso es puramente educativo. En ningún caso se presentan como los garantes del derecho de las familias a una determinada educación, sino que se limitan a crear una propuesta educativa cuyo valor reside en la misma calidad de la propuesta. A esto se une una intención explícita de desvinculación de cualquier opción política.
Se oyen muy a menudo en los ámbitos de la escuela católica lamentos sobre las enormes dificultades en las que estamos debido a determinadas políticas educativas, incluso nos planteamos oposiciones y batallas frente a nuevas propuestas de ley blandiendo los derechos que la ley nos concede y que consideramos conculcados. Imaginémonos en la sociedad española de 1930: caída de Primo de Rivera, crisis de la monarquía y antesala de la Segunda República. Siempre me he preguntado qué hubiera sido de la educación católica si aquella altura intelectual, espiritual y pedagógica no se hubiera visto truncada por la Guerra Civil y la dictadura de Franco con lo que esta última circunstancia supuso como ruptura lo que aquellos maestros pusieron en marcha. Ojalá aprovechemos la oportunidad de este centenario para salir de nuestra amnesia y mirar a esa edad de oro de la educación católica.
Se limitan a crear una propuesta cuyo valor reside en la misma calidad de la propuesta

