ERE y ministerio del catequista

Con Antiquum ministerium, Francisco instituyó el ministerio del catequista. Decisión que se sumó a la modificación del canon 230 §1 sobre el acceso de las personas de sexo femenino al ministerio instituido del lectorado y del acolitado.

En diciembre de 2021, pudimos conocer el nuevo rito de institución de catequistas que elaboró la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que vino acompañado de una carta. Tanto en Antiquum ministerium como en la carta, se hace una explicación acerca de la naturaleza laical de este ministerio, relacionado principalmente con el anuncio y la enseñanza, pero también con otras funciones entre las que se nombran la guía de la oración comunitaria; la asistencia a los enfermos; la guía de las celebraciones de las exequias; la formación y la guía a otros catequistas; la coordinación de las iniciativas pastorales; la promoción humana según la doctrina social de la Iglesia; la ayuda a los pobres; el fomento de las relaciones entre la comunidad y los ministros ordenados.

Es interesante ver que, a la hora de definir quiénes pueden ser admitidos a este ministerio instituido, se lo hace explicitando quiénes preferiblemente no deberían recibirlo. En este grupo se nombra a aquellos que ya han iniciado el camino hacia el orden sagrado, debido al carácter eminentemente laical del ministerio del catequista, a los religiosos (a no ser que sean referentes de una comunidad parroquial o coordinadores de la actividad catequética), a aquellos que llevan a cabo un servicio dirigido a los miembros de un movimiento eclesial y a aquellos que enseñan Religión en las escuelas (a menos que también desempeñen otras tareas eclesiales). La exclusión de los profesores de Religión en función de esta tarea concreta que realizan en las escuelas encuentra su fundamento en el principio de “distinción y complementariedad” entre la educación religiosa escolar (ERE) y la catequesis. Pero muchas veces esta definición no se ve con claridad en la práctica a la hora de especificar la identidad de la asignatura escolar que tiene por objetivo la enseñanza religiosa.

Distintas y complementarias

En el estudio que realizamos, La educación religiosa escolar (ERE) en América Latina, pudimos observar que en los diez países en los que la legislación no permite la enseñanza de la religión en las escuelas públicas hay una mayor inclinación a una falta de distinción y complementariedad con la catequesis. En algunos casos, el mismo nombre que se le da a la asignatura es una toma de postura al respecto, como es el caso de Argentina, en el que la mayoría de las escuelas católicas llaman a esta materia “catequesis”, y “catequistas” a los profesores que la enseñan. Si bien en los países de la región en los que está permitida la ERE en las escuelas públicas esta distinción y complementariedad con la catequesis es mucho más clara, sigue existiendo la necesidad de ahondar en las características propias de esta disciplina. Un ejemplo de esta situación se puede encontrar en el estudio Panorama de la religión en Perú. Informe 2021, llevado adelante por Carlos Esteban y el Observatorio de la Religión en la Escuela. En este valioso informe, se preguntó a los profesores de Religión de Perú si percibían algunas diferencias entre la catequesis con la formación religiosa de la institución escolar. Los resultados muestran que la mayoría así lo entiende (74,3 %), mientras que un grupo minoritario está en desacuerdo (17 %). El estudio presenta la siguiente conclusión sobre estos resultados: “Tres de cada cuatro docentes comprenden las diferencias entre la formación religiosa que se realiza en las comunidades eclesiales, más propia de la iniciación cristiana y la maduración de la fe, de la formación escolar que se desarrolla en los colegios, caracterizada por la formación humana y ciudadana, aunque incluya las creencias y los valores de la experiencia religiosa. Sin embargo, ese 17 % que no percibe estas diferencias abre un área de mejora para trabajar en la formación permanente de los docentes y cumplir adecuadamente el servicio eclesial en la escuela”.

Sin ser su objetivo principal, este don para la Iglesia que es el ministerio instituido del catequista puede ser una buena oportunidad de seguir profundizando en la identidad de los profesores de enseñanza religiosa y aprovechar mejor las riquezas que ofrecen cada una de estas vocaciones, distintas y complementarias.

Revista RyE   N.º 357   Febrero 2022
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