Humanismo necesario

Si el ser humano no descubre su verdadero lugar en el mundo, no se comprende a sí mismo, se decía en Laudato si’. Esta pregunta sobre el verdadero lugar se ha planteado en el Consejo Pontificio para la Cultura.

Durante siglos, los valores del pensamiento clásico y los de la revelación bíblica han dialogado, se han acercado y se han influenciado hasta alcanzar una razonable armonía en el contexto del cristianismo occidental. Con la llegada de Descartes y la aparición del método científico moderno, esta visión entró en una crisis en la que todavía estamos inmersos, generando fragilidad antropológica en todos los ámbitos culturales. Sin embargo, las consecuencias de un excesivo pragmatismo y utilitarismo, del paradigma tecnocrático y el transhumanismo, están reabriendo un debate en el que emergen de forma creciente necesidades de fortalecimiento antropológico.

Con esta motivación de fondo, se ha celebrado en noviembre de 2021 la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para la Cultura, aplazada a causa de la pandemia y celebrada ahora de forma virtual. El propósito era ahondar en un “humanismo necesario” y mostrar respuestas nuevas y creativas que no olviden lo esencial de lo humano. El cardenal Giafranco Ravasi y el profesor y latinista Ivano Dionigi analizaron los modelos antropológicos de la cultura grecolatina y de la Biblia, cuyo diálogo y confrontación han dado vida al humanismo clásico que constituye la base de la cultura occidental. Además, otras intervenciones de Francesc Torralba y José Casanova son sugerentes en la recreación actual del humanismo. Todo ello en la web del Consejo Pontificio para la Cultura.

En el mensaje conclusivo de esta asamblea, Francisco añadió cómo “la pandemia ha puesto en tela de juicio muchas de las certezas en las que se basa nuestro modelo social y económico, revelando sus fragilidades: las relaciones personales, los métodos de trabajo, la vida social e incluso la práctica religiosa”. Pero, explicó, se están “replanteando con más fuerza los interrogantes fundamentales de la vida: la pregunta sobre Dios y el ser humano”.

A propósito de este debate, Francisco recordó las palabras de Pablo VI, en la sesión final del Concilio Vaticano II: “La religión del Dios que se hizo hombre se ha encontrado con la religión (porque es tal) del hombre que se hace Dios”. Pero aclaró que, entonces, Pablo VI no condenó aquel contexto cultural, sino que invitó a su acogida y al diálogo. Y concluyó: “Hoy está en marcha una revolución (sí, una revolución) que toca los nudos esenciales de la existencia humana y en el que la Iglesia tiene todavía mucho que dar al mundo, no podemos limitarnos siempre a la negación y la crítica. Más bien se nos pide que repensemos la presencia del ser humano en el mundo a la luz de la tradición humanista: como constructor del bien común”.

Una nueva síntesis creativa

En su mensaje, el Papa reconocía que el humanismo de origen bíblico, en fecundo diálogo con los valores del pensamiento clásico grecolatino, dio lugar a una elevada visión del ser humano. Sin embargo, solicita que aquel humanismo bíblico y clásico debe abrirse hoy a una nueva síntesis creativa con las aportaciones de la tradición humanista contemporánea y de otras culturas. Entre otras, menciona: la visión holística de las culturas asiáticas en su búsqueda de la armonía interior y con la creación; la solidaridad de las culturas africanas que superan el excesivo individualismo; la antropología de los pueblos latinoamericanos con su vivo sentido de la familia y la fiesta; y otras culturas de los pueblos indígenas de todo el planeta.

Desde nuestro “Punto de vista”, la presencia del currículo de la asignatura de Religión Católica en la escuela se fundamenta en esta línea de fortalecer hoy este humanismo necesario. Sus contribuciones educativas sobre la cultura del encuentro, la fraternidad universal, la ecología integral, la inclusión y la construcción de la casa común impregnan las antropologías de nuestro tiempo. Pues bien, impregnar con nuestros valores esta cultura es la mejor forma de reavivar nuestra pasión por educar.

Sin embargo, solicita que aquel humanismo bíblico y clásico
debe abrirse hoy a una nueva síntesis

Revista RyE   N.º 355   Diciembre 2021
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