Sin reforma del profesorado
La regulación de la profesión docente sigue siendo una asignatura pendiente a pesar de tantas leyes educativas, y es una urgencia cada vez mayor. Los profesores de Religión deberán estar incluidos.
En todas las leyes educativas que hemos tenido en la democracia, ha habido referencias a los requisitos para el acceso a la profesión docente y sobre la formación permanente, que se ha definido siempre como un derecho y un deber del profesorado. Las condiciones de acceso apenas han variado en los últimos cuarenta años, escasamente han afectado al temario de oposiciones; sí se ha sustituido el viejo Certificado de Aptitud Pedagógica por el Máster de Formación del Profesorado, establecido en la Ley Orgánica de Educación (LOE), en el caso de Secundaria. Sobre la carrera docente, se modificaron solo los cuerpos de la función pública a partir de la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE) y las transferencias a las comunidades autónomas.
El actual Ministerio de Educación y Formación Profesional se había marcado como objetivo en esta legislatura aprobar la reforma de la profesión docente. De hecho, con la aprobación de la Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación (LOMLOE), entraba en vigor su compromiso de aprobar esa nueva normativa. En concreto, su disposición adicional séptima establecía que: “A fin de que el sistema educativo pueda afrontar en mejores condiciones los nuevos retos demandados por la sociedad e impulsar el desarrollo de la profesión docente, el Gobierno, consultadas las comunidades autónomas y los representantes del profesorado, presentará, en el plazo de un año a partir de la entrada en vigor de esta ley, una propuesta normativa que regule, entre otros aspectos, la formación inicial y permanente, el acceso y el desarrollo profesional docente”.
Transcurridos más de dos años, resulta evidente que el Gobierno ha incumplido su compromiso al no haber aprobado esa nueva regulación sobre el acceso, la formación inicial y permanente, y el desarrollo profesional docente. Al cumplirse el primer año de la aprobación de la LOMLOE, como única aproximación, el Ministerio de Educación y Formación Profesional presentó un Documento para el debate. 24 propuestas de reforma para la mejora de la profesión docente. Fue en enero de 2022, y la ministra declaró que “de esa reforma iba a depender la mejora del sistema educativo”. Sin embargo, ni se ha llevado a cabo el debate, ni se ha negociado esa normativa, ni se ha dado continuidad a la propuesta.
En estos últimos años, hemos asistido a otras propuestas de comunidades autónomas sobre la formación inicial y el acceso a la profesión docente. También autores, sindicatos y otras instituciones, citamos solo el Consejo General de Colegios de Doctores y Licenciados o la Conferencia de Decanos de Educación, han publicado sus iniciativas sobre el tema. Más pedagógicas que políticas ha sido, por ejemplo, la reciente propuesta sobre el Marco de Competencias Profesionales Docentes, alumbrada por el Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid.
Sin novedades
En todo caso, resulta evidente que esta legislatura acabará sin novedad sobre este asunto esencial para la mejora de nuestro sistema educativo; para algunos más que los diseños curriculares y su ordenación académica. Es una máxima bien conocida que “la calidad de un sistema educativo nunca puede ser superior a la calidad de su profesorado”. Y a ello hay que añadir otra impulsada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos: “La calidad de los docentes nunca puede ser superior a la calidad de las políticas educativas”.
Como será completamente necesario abordar este asunto, proponemos iniciar el diálogo y la reflexión para que la formación inicial y permanente del profesorado de Religión, así como su acceso a la profesión y el desarrollo de su carrera profesional, se pueda pensar de forma análoga al profesorado de otras las materias, tanto en los centros públicos como privados. Hay margen para alcanzar una plena integración del profesorado de Religión en la profesión docente manteniendo las competencias propias de los agentes sociales implicados. Si hacen falta ejemplos, los tenemos: Italia o Alemania.
Hay margen para alcanzar una plena integración del profesorado de Religión
en la profesión docente

