Sí al pacto educativo global
Con el inicio del curso escolar, comienza su implantación el nuevo currículo de Religión, que ha dicho sí al pacto educativo global y ha hecho suyas los compromisos y prioridades que Francisco plantea para la educación.
El doce de septiembre de 2019, se presentó por parte del papa Francisco esta iniciativa del pacto educativo global, dirigida no solo a las más de doscientas dieciséis mil escuelas católicas que existen en el mundo y mil setecientas cincuenta universidades católicas, con más de once millones de estudiantes, sino a toda la comunidad educativa mundial. Tras algunas aportaciones esenciales de su magisterio, Evangelii gaudium, Laudato si’ y Fratelli tutti, que renovaban las categorías antropológicas y teológicas de la presencia eclesial en las sociedades, era necesario un camino educativo que inspirase los proyectos educativos y los orientase a “generar una nueva solidaridad universal y una sociedad más acogedora”. Es decir, el pacto educativo global propuso repensar la educación en clave de “fraternidad, para aprender a superar divisiones y conflictos, promover la aceptación, la justicia y la paz. […] Se trata de generar un cambio de mentalidad a escala planetaria a través de la educación”.
La pandemia global paralizó el lanzamiento de los primeros eventos previstos, pero, desde el quince de octubre de 2020, se está relanzando la propuesta y ya se acumulan numerosas iniciativas a nivel global, de la Congregación para la Educación Católica, de la Unión Internacional de Superiores Generales de Religiosos y Religiosas y también a niveles mas locales. En España, puede verse la implantación de esta iniciativa en las webs de la Conferencia Episcopal Española y de Escuelas Católicas. Las dolorosas experiencias vividas en la pandemia han acabado por confirmar la oportunidad de las propuestas del pacto educativo global.
Para comprender el alcance de estas propuestas, remitimos a dos guías que están accesibles en la red: Vademécum del pacto educativo global y Construir el pacto educativo global, desde lo local a lo global. Estos materiales son auténticas guías preparadas para la aplicación del pacto educativo global dirigidas, sobre todo, a los educadores que acompañan procesos formativos formales e informales.
Esta iniciativa, a pesar de la pandemia, ha constituido el contexto eclesial en el que se ha desarrollado el proceso de elaboración del nuevo currículo de Religión, que fue necesario tras la aprobación de la Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación (LOMLOE). Ya en el primer momento, con la convocatoria del foro en línea en plena pandemia para reflexionar sobre el nuevo currículo, se hizo presente este marco eclesial del pacto educativo global. Finalmente, el texto oficial del currículo en su introducción revela que: “Se ha dejado afectar por los compromisos del pacto educativo global, promovido por la Iglesia católica, que subraya la centralidad de la persona en los procesos educativos, la escucha de las nuevas generaciones, la acogida de todas las realidades personales y culturales, la promoción de la mujer, la responsabilidad de la familia, la educación para una nueva política y economía y el cuidado de la casa común”.
Este currículo de Religión ha dicho sí al pacto educativo global y está en línea con sus compromisos.
Un currículo comprometido
Además de esta adhesión formal, el currículo de Religión se compromete explícitamente “a las iniciativas eclesiales de la Misión 4.7, sobre la ecología integral, y del Alto Comisionado para la Fraternidad Humana conformado por diversas religiones para construir la casa común y la paz mundial. De esta manera, la enseñanza de la religión católica, manteniendo su peculiaridad y la esencia del diálogo fe-cultura y fe-razón que la ha caracterizado en la democracia, acoge los signos de los tiempos y responde a los desafíos de la educación en este siglo XXI”.
En consecuencia, se puede concluir que este nuevo currículo de Religión ha dicho sí al pacto educativo global y está en línea con sus compromisos y prioridades que ponen a la persona en el centro del proceso educativo y se centra en despertar su dignidad. Pero aquí no concluye el camino: la propuesta del pacto educativo global debe seguir transformando los fines educativos de toda la educación católica.

