Cumplir las promesas
Publicado en el número 343 de la versión en papel. Octubre de 2020
Como Forrest Gump, también yo creo que las promesas se hacen para cumplirse. Prometo siempre a mis alumnos ser altavoz de sus inquietudes. Donde primero resuenan es en mí. Es una música incomparable, nunca oída. Mi convicción, que las décadas han ido confirmando in crescendo, es que cada alumno es una sinfonía, eje de toda tarea educativa. Liberados de la normal preocupación por la nota, así se expresaban por escrito los alumnos de Bachillerato ante la pregunta de si recomendarían esta clase y con qué razones: “La recomiendo mucho, creo que puedes aprender cosas que no te van a enseñar en ningún otro sitio; aprendes cosas y partes de ti mismo que ni conocías; e incluso te replanteas tus acciones de cada día en las que ni pensabas. Creo que son clases que ayudan también a empatizar más con el de al lado. De hecho, muchas veces hemos salido de clase y hemos seguido hablando de temas que hemos visto en el aula, cosa que creo que no me ha pasado con ninguna otra asignatura”. “Por supuesto que recomendaría esta clase. A pesar de que la gente puede pensar mal de ella a causa de los prejuicios, intentaría convencerles. Fundamentalmente, les diría que aprendes mucho. La gente, cuando piensa en conocimientos y en inteligencia, se piensa que uno es inteligente si sabe mucho de matemáticas, por ejemplo. Pero, nada más lejos de la realidad: este año he aprendido que hay muchos tipos de inteligencias. Entre ellos, está el saber de la vida. Y es respecto a este campo del conocimiento en el que se centra esta clase. Por ello, les diría que, si quieres saber más de las personas, a entenderlas, a apreciarlas y a sentirlas, es imperativo acudir a esta clase, en la que seguro algo en ti cambiará hacia mejor”. Curiosamente, en clase andamos siempre enredados con músicas, literatura, filosofía, inglés, sociales, biología, arte, cine, etc. Ningún saber nos es ajeno.

