La dimensión social del Evangelio
Buona Pasqua. Pocas horas después de esta, su última palabra, el "lunedi dell’angelo", pasadas las siete y media de la mañana, ha muerto Francisco, el obispo de Roma. Los romanos quieren ver en ello una buena noticia. Lo es, ciertamente.
El momento de ponerse de pie (egeíro, anastó), de la resucitación (resurrectio), deviene esperanza para todos. Para los creyentes, esta coincidencia temporal asume un significado muy profundo. Los romanos aman, quieren a su obispo, el que fue tantas veces defensor de su ciudad, defensor civitatis. Por ello, esta no es una triste noticia, sino una esperanzada nueva de alegría pascual. Los agoreros tenderán a convertirla en efeméride mundanizada. Los que creen en Cristo resucitado viven todo ello con la profunda alegría pascual, como la sola forma de afrontar cualquier momento: alegría en unidad de la Iglesia, consolación en el lenguaje del jesuita Jorge Mario Bergoglio. La vida entera del Papa argentino está llena de consolación, también su muerte.
La formación de un proyecto histórico
A finales del siglo XIX, el papa León XIII (1878-1903) escribió sobre aquella acción de amplio alcance con la que la Iglesia se organiza para recuperar la influencia en la sociedad. Aquel Papa empujaba a los católicos franceses a una política de ralliement con la República. Desde entonces, todos los papas que lo han sucedido han querido hacer una gran política para la que han elaborado una construcción teórico-práctica, un proyecto histórico, una guía para las distintas tomas de decisión de la propia Iglesia católica en su relación con la sociedad civil. Los papas contemporáneos han tomado decisiones complejas, sin alterar el depósito de la fe, el depositum fidei, para destacar aquellos valores que consideraban más relevantes o más importantes en un momento dado. Cuando la situación histórica y la conciencia eclesial cambian, algunos principios teológicos dejan de ejercer aquella fuerza orientadora para la acción y corresponde, entonces, a cada Papa la elección de aquellos elementos que, sin alterar la comprensión católica del “mundo”, la Weltanschauung católica y sus verdaderos fundamentos, un Papa entiende como más relevantes en un contexto determinado.
El proyecto histórico se forma, pues, con elementos más coyunturales para la relación de la Iglesia con la sociedad, como es el papel de los seglares, la urgencia climática o la sinodalidad, mientras que consideramos que otros elementos más pertinentes a una época no afectan tanto al proyecto histórico de cada pontificado y pertenecen más al tiempo medio (así denominado por un historiador contemporáneo). Aquí aparece con fuerza el discernimiento de lo contingente y lo necesario. Jorge Mario Bergoglio ha formulado uno de los proyectos históricos coetáneos: el Papa ha destacado unos elementos, dejando otros en la penumbra. Ha hecho verdadero discernimiento histórico.
Lo esencial no ha cambiado, pero sí los supuestos para el diálogo y para la comprensión del mensaje. Todos los papas contemporáneos lo han hecho: elegir de algunos “recursos” (ressources) algunos elementos más fundamentales y dotarlos de una valencia funcional para la praxis. Podemos, pues, hablar de un proyecto histórico leonino (entre 1878 y 1903), de uno piano (entre 1922 y 1958), de uno montiniano (entre 1963 y 1978) y de uno wojtyliano (entre 1978 y 2005). Ello no supone que otros Papas entretanto más breves, como fueron Angelo Giuseppe Roncalli (1958-1963) o Joseph Aloisius Ratzinger (2005-2013), no ejercieran un gran influjo. Queda su mensaje: concilio y verdad.
La dimensión social de la evangelización
La exhortación apostólica postsinodal Evangelii gaudium, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, del papa Francisco, de noviembre de 2013, aunque formalmente recogía las conclusiones de un sínodo anterior, ejerció el papel de encíclica programática, aun no siéndolo propiamente; toda vez que su primera carta encíclica propia, Laudato si’, sobre el cuidado de la casa común, solo apareció en 2015; pues la primera carta encíclica Lumen fidei, sobre la fe, de junio 2013, fue un texto menos propio de Francisco, como queda claro desde el principio. En Evangelii gaudium, Francisco dedicaba todo un capítulo, el cuarto, a la dimensión social de la evangelización, en el que hacía un resumen de las que llama “repercusiones comunitarias y sociales del kerigma”, y consagraba un apartado a la “inclusión social de los pobres”. En el siguiente apartado, “el bien común y la paz social”, están contenidas las cuatro frases que se han convertido en ritornello hermenéutico de muchos discursos del papa Bergoglio: el tiempo es superior al espacio, la unidad prevalece sobre el conflicto, la realidad es más importante que la idea y el todo es superior a la parte. En la propuesta del diálogo social, en el último epígrafe, abordaba la contribución a la paz desde los distintos diálogos, tema que será central en la carta encíclica Fratelli tutti, sobre la fraternidad y la amistad social.
Francisco se dirigió a la asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas en septiembre de 2015 y, un año después, firmó con el patriarca ruso, Cirilio I, una declaración común en La Habana. Con el imán de la universidad cairota de al-Azhar, Ahmad al-Tayyib, lo hizo en el documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común, firmado en febrero de 2019 y citado en su tercera encíclica como fuente de inspiración, lo que lo convierte en documento fontal del magisterio social pontificio, un hecho ese bastante singular al introducir textos, conjuntos o no, de otras autoridades religiosas en textos pontificios.
En 2014 (en Roma), 2015 (en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia) y 2016 (de nuevo en Roma) dirigió importantes discursos a los encuentros mundiales de movimientos populares; en 2024, se celebró el décimo aniversario del primer encuentro con cuyo movimiento se puede asociar el programa de las tres “tes”: tierra, techo y trabajo. Al recibir el premio Carlomagno de la Unión Europea, en mayo de 2016, también hizo un discurso sobre Europa y su diversidad cultural, como había hecho en Estrasburgo ante el Parlamento europeo, el 25 de noviembre de 2014. Las Jornadas Mundiales de la Juventud de Río de Janeiro (2013), Cracovia (2016), Panamá (2019) y Lisboa (2023) también fueron ocasión de mensajes de compromiso: el popularizado “armen lío” (2013), “la misericordia es un viaje que va del corazón a la mano” (2016) o el también muy popular “todos, todos, todos” (2023).
Respeto y cuidado de la casa común
Quizá la aportación más innovadora para el pensamiento social haya sido la realizada en junio de 2015 en su carta encíclica Laudato si’ sobre la ecología integral: la herida de la Tierra y el clamor que sube a Dios como herida de los pobres es un mismo grito. Aunque el tema no era estrictamente nuevo en el magisterio social de las papas, pues ya Pablo VI, Juan Pablo II y Benito XVI se habían referido a él, dedicarle una amplia y elaborada encíclica, uno de los más extensos documentos del magisterio reciente, es un signo mayor en el conjunto del pensamiento social. No podemos pasarlo por alto. En la encíclica Laudato si’, sobre el cuidado de la casa común, el Papa puso en claro la preocupación social de la Iglesia y algunas líneas para orientar la acción en pro de una ecología integral. Una encíclica sólida, al decir de los expertos en ciencias ambientales y de la naturaleza, que llamaba la atención sobre la crisis ecológica por la globalización del paradigma tecnocrático descarrilado y desaforado. Bergoglio tuvo una primera formación como químico y eso se nota. En su central capítulo tercero se refirió a las consecuencias del antropocentrismo moderno que ha desembocado en la crisis actual. No solo, por tanto, un realismo ético y cosmovisional, sino un verdadero paradigma falseado en favor engañoso de un unilateral y unidimensional desarrollo que no tiene nada ni de humano, ni de solidario, ni de integral, mientras que la Iglesia ya en el Compendio de 2005, la síntesis del papa Wojtyla de la que podía partir el papa Ratzinger, apostaba por un desarrollo humano integral y solidario. Al fin, parece que Gaudium et spes y el proyecto maritainiano de los años sesenta fueron integrados de manera armónica con el proyecto histórico y el pensamiento social de Juan Pablo II: desarrollo humano integral (Maritain, Montini, Ratzinger) y solidario (Wojtyla). Con esa encíclica, Laudato si’, el papa Bergoglio radicalizó de manera más pragmática el giro antropológico que de forma más reflexiva ya había realizado su predecesor, el papa Ratzinger. Todo el documento, sus propuestas más pragmáticas y sus aplicaciones, se convirtieron no solo en el clamor común de los pobres y de la Tierra, sino en una detallada y clara propuesta de acción política. Nos quedaríamos más acá de la pretensión del Papa si la redujésemos, sin embargo, por importante que fuera, a solo su dimensión política. Laudato si’ es, y no solo como un simple añadido o guinda decorativa, una apuesta por una espiritualidad trinitaria y sacramental de la alianza integradora de creación y redención.
En otoño de 2019 apareció la exhortación apostólica postsinodal Querida Amazonia que, más allá de precisiones ecológicas, es importante por cuanto se propone un nuevo espacio y un nuevo sujeto social actuante: la región amazónica y una asamblea eclesial no reducida a espacios estatales, sino abierta a “regiones”. La aproximación amazónica no excluye, más bien avanza, la consideración de otras posibilidades regionales o pastorales. En el Mediterráneo hay varias iniciativas en marcha. El cardenal arzobispo de Marsella, Jean-Marc Aveline, ha tomado buena nota.
Fraternidad y amistad social
La encíclica social de Francisco tiene también un título franciscano, del de Asís: Fratelli tutti (2020). El subtítulo “Sobre la fraternidad y la amistad social” expresa bien su contenido. Con la excepción de Juan Pablo II, que tuvo un más largo pontificado con tres encíclicas sociales y un compendio al final de su vida, cada Papa contemporáneo ha dedicado una encíclica a su mensaje social. Francisco, además de lo que hemos indicado sobre la primeriza exhortación postsinodal y sobre la encíclica sobre ecología, expuso el conjunto de su pensamiento en la citada encíclica social de 2020, resumible en un lema “cosmopolitismo arraigado y amistad cívica”. En Fratelli tutti, después de un primer capítulo analítico (ver: “Las sombras de un mundo cerrado”), el Papa introduce el icono del samaritano (un extraño en el camino). Ya el papa Pablo VI, en la homilía del 7 de diciembre de 1965, el día anterior a la clausura del segundo concilio del Vaticano, habló de la espiritualidad de la Iglesia propuesta por la asamblea conciliar como una espiritualidad samaritana. Francisco, en la carta encíclica Fratelli tutti, se refiere a esta historia de descarte por unos y de inclusión excluyente para otros como una historia que se repite.
La parábola del buen samaritano se convierte en el paradigma de un cristianismo capaz de aproximarse, de hacerse próximo, un cristianismo que no conoce las fronteras ni los muros de separación. Las referencias a un filósofo reformado, Paul Ricoeur, no es irrelevante. En los capítulos siguientes se trata del mundo, un mundo abierto que hay que gestar y comprender desde un corazón abierto. El quinto capítulo está dedicado al amor político que, como declaró el concilio a través de Gaudium et spes, es la más alta forma de caridad, solo superada por el amor teologal. Las más de seis mil palabras de citas literales son muy significativas en un conjunto que alcanza más de cuarenta y cuatro mil palabras. La carta encíclica Fratelli tutti es pues una enciclopedia completa sobre la amistad social y la caridad política. A la amistad social y al diálogo como método con sentido se dedica todo el capítulo sexto, el central de la carta encíclica, que concluye proponiendo caminos y puentes para el perdón y el reencuentro y el servicio de las religiones a la fraternidad mundial.
Inclusión frente a descarte
En 2023 se dirigió de nuevo a todas las personas de buena voluntad en la exhortación apostólica Laudate Deum, sobre la crisis climática. Invitando a la corresponsabilidad y a la actuación antes de que sea muy tarde: en inglés, se ha acuñado la expresión overshoot day (día de la deuda ecológica), que cada año llega antes y que siempre pagan más los pobres de la tierra, aunque la provoquen más los países más ricos. Aún llegamos a tiempo, aún quedan días, pero pocos. El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, el portugués, católico y socialista António Manuel de Oliveira Guterres, clama continuamente en el mismo sentido, una cierta simplificación con una profunda verdad. Nos queda poco tiempo. El papa Francisco ha expresado desde el principio su oposición al descarte de los prescindibles y ha abogado por la inclusión social. No basta reciclar cosas, ha afirmado, si no contribuimos a reciclar a las personas en lugar de descartarlas.
Sin haberse convertido en un ideólogo de las llamadas y controvertidas políticas del programa de diversidad, equidad e inclusión, el Papa argentino lidera abiertamente la defensa de la inclusión frente al descarte. Convirtiéndose así en una de las voces más críticas y cualificadas en nuestro momento contra las desigualdades.

