Sobre Samuel, Amira, Nadia y Pablo.

Alguien ha muerto por educar, alguien ha matado para que alguien no eduque.

Es domingo y mientras comienzo a entrar en este día especial, me encuentro con un grito de vida y un grito de muerte que suenan al mismo tiempo: Un amigo acaba de ser padre y un profesor de secundaria ha sido decapitado cerca de París, al parecer por tratar el tema de la libertad de expresión y las caricaturas de la revista Charlie Hebdo. De un lado, la vida abriéndose paso pujante en medio de este mundo en el que muertes y contagios parecen sólo datos para un excell y hacer gráficos. Del otro lado, alguien ha muerto por educar, alguien ha matado para que alguien no eduque.

Soy profesor de religión y de historia y lo que le ha hecho morir a Samuel Paty, profesor de Historia y Geografía en el Collège du Bois-D’Aulne es algo que yo, y muchos otros que leemos esta revista o no, hemos hecho. No estoy acostumbrado a pensar que nuestra profesión es de riesgo, al menos en este sentido. Es complejo comparar la sociedad francesa y la nuestra y también la escuela francesa, que en el artículo del periódico en que leo la noticia se refieren a ella como “el corazón de la República”, y la nuestra, que dudo que sea percibida como “una” y como “corazón” por nuestra sociedad y por nosotros mismos.

En nuestro contexto, me parece destacable que, al menos dos de las series para adolescentes de más éxito en los últimos tiempos, tienen entre sus protagonistas a chicas musulmanas.  Élite, ambientada en un colegio privado exclusivo, nos presenta a Nadia como una brillante alumna que vive el choque cultural en el contraste que se produce entre su propia familia y su nuevo colegio. Intenta afrontar las contradicciones como una persona cuyas convicciones son puestas a prueba y va cuestionándose. En la otra serie, Skam, el contexto es el de un instituto público pero la protagonista es igualmente una chica brillante que intenta vivir sus convicciones. En los clips y capítulos que ahora se emiten, aparece el tema de la islamofobia que sufre su personaje. No sé si, a día de hoy, las series retratan la realidad o la modelan. No sé si mis alumnos y alumnas se reconocen en esos personajes o quieren parecerse a ellos. En cualquier caso, todo este cóctel me deja con la mirada perdida este domingo.

Por estos lares, el discurso sobre Pacto Educativo Global del Papa Francisco de este pasado jueves no ha sido asunto a tratar en las portadas y poco en páginas interiores. Parece que un Pacto para un futuro esperanzador no es merecedor de los focos y que la “narrativa” preferida para acercarse a la realidad es ya casi siempre la crónica de sucesos. Menos mal que el hijo de mi amigo llega al mundo con el nombre de Pablo, aquel perseguidor que se convirtió en perseguido y que dio la vida por amor, como su maestro.

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