PACTO EDUCATIVO GLOBAL: La psicomotricidad evangélica
Vicenta Rodríguez. Secretaria Autonómica de Escuelas Católicas de la Comunidad Valenciana.
¡Qué difícil es ponerse de acuerdo en nuestra sociedad! El choque de egos impide llegar a consensos y a la búsqueda, todos juntos, del bien común. Para ir contracorriente, ahí, está el Papa, con su PEG, invitándonos a un compromiso global, poniéndose sus viejos zapatos para iniciar un sendero por el que podamos caminar juntos, para encontrar la educación soñada por Dios y, que a nosotros, nos corresponde encarnar en nuestra Casa Común.
En la propuesta encontramos la “psicomotricidad evangélica” que Francisco ya nos proponía en documentos anteriores: “Cabeza, corazón y manos”. Los docentes, sabemos de la importancia de coordinar las manos y la cabeza para lograr un desarrollo madurativo, al mismo tiempo, tenemos la certeza de que si el corazón no palpita al ritmo del Evangelio se nos queda un educando a medio hacer.
Es necesaria una cabeza, que debe pensar para dialogar con las personas diferentes y valorar la riqueza de lo distinto, que se interesa por poner a la persona en el centro de la educación, que utiliza las tecnologías para acercar pueblos y culturas, que hace de la educación el medio para ayudar a madurar a los niños de hoy y que serán las personas comprometidas de un futuro, cada vez, más presente.
Un corazón que genera las semillas de un humanismo solidario, que alarga los afectos para tejer las redes entre las instituciones, que sale del individualismo placentero para lograr una ciudadanía global. El Papa busca una labor de equipo, porque sabe que la diversidad es lo que agranda el alma y la complicidad de los latidos del corazón, permiten llegar más lejos en la fraternidad universal.
Las manos que se lavan, ahora más que nunca, están limpias y desinfectadas para coger las del hermano vulnerable y que no permiten que ningún ser humano se quede atrás. Unas manos disponibles para servir mejor, para ayudar a los necesitados, incluso a los que no saben que lo son y levantar a los caídos en las cunetas de las autopistas de la riqueza; manos para cuidar nuestra Madre Tierra y trenzar los mimbres de la ecología integral.
Cabeza, corazón y manos, para transformar lo cercano y lo lejano, para que la psicomotricidad evangélica configure la totalidad de la persona y le dé las herramientas para que afronte los desafíos de nuestro tiempo. Es tiempo de alianzas humanas y pactos globales, la educación, estrena hoy, en el Vaticano, un traje de fiesta.

