Desigualdades y capital social
No se puede acoger toda la miseria, pero se ha de saber aceptar la parte que a uno le corresponde. Hay capital social en una sociedad en la que las inversiones sociales se sustentan en redes previas.
La brecha de las crecientes desigualdades hiere. Todas las sociedades europeas, en mayor o menor medida, están confrontadas con la presencia de poblaciones inmigradas. Con razón, nos podemos preguntar: el Estado social como el europeo, ¿cómo bebe tratar de manera justa los derechos humanos en su territorio? Michel Rocard escribió: “Francia no puede acoger toda la miseria del mundo, pero ha de saber aceptar fielmente la parte que le corresponde”. El Estado debe controlar la emigración, asegurar una protección mínima a todos los inmigrados y plantearse como objetivo prioritario su integración social. Camille Kouchner escribía sobre su padre, ministro que había fundado Médecins sans Frontières y años después Médecins du Monde, que cuando sueñas con ser el padre de todos los hijos del mundo, ni siquiera llegas a serlo de tus propios hijos. Camille escribió La familia grande (2021) para denunciar el incesto, ese “último tabú de la sociedad que nadie quiere mirar a la cara”.
John Rawls en A Theory of Justice (1971) define las “estructuras de base” de la sociedad democrática como: “La manera en la que las principales instituciones sociales organizan combinadamente un sistema único, al que atribuyen derechos y deberes fundamentales y estructuran el reparto de ventajas que resultan de la cooperación social”. Amartya Sen subrayaba que el análisis de las desigualdades no debía reducirse a las “realizaciones”, sino también a las capacidades (capabilities) de cada uno para desarrollar sus proyectos de vida. Rawls subrayaba que las contribuciones de cada uno a la producción de bienes sociales y los ingresos derivados dependen, es cierto, de sus méritos y talentos, pero también de las estructuras sociales en las que se insertan. Las deducciones para financiar la redistribución no son una expropiación del fruto del trabajo de los más ricos, adquirido por su exclusivo medio, sino una justa y por ello necesaria devolución a la sociedad de lo que ella ha engendrado.
Contribuir a crear capital social
El “capital social” fue ampliamente tratado por el sociólogo Robert David Putnam, estudiante en Yale y profesor en Harvard. Hay capital social en una sociedad en la que las inversiones sociales se sustentan en redes previas y no se pierden como agua por las rendijas. Eduardo Moyano, profesor de investigación del ESA-A de Córdoba, lo explicó con claridad y rigor en Revista de fomento social, de la que fue director el jesuita José Juan Romero (1942-2025). Ese artículo fue uno de los más leídos, si no el más consultado. El profesor Romero había colaborado en proyectos diferentes de desarrollo y se preguntaba por las diferencias entre los de Vietnam, Argelia y Centroamérica. En todos ellos trabajó mucho y bien. La defenecía residía en que en un sitio había una tradición funcionarial, había red, mientras en los otros había clientelismo favorecido por el dey-licato otomano o por la periférica capitanía general del virreinato. Hue fue durante siglos la capital imperial de Vietnam. El riesgo de estar en las periferias es que decrezca el capital social y clientelismo, caciquismo, oligarquía u otras mafias se queden con todo. Como escribió Pablo VI en Octogesima adveniens (1971), los cristianos, no solos, podemos contribuir a crear capital social. Su pregunta solo tenía una respuesta. Putnam quizá habría estado de acuerdo. Como escribió en Bowling alone: America’s declining social capital (1995, libro en 2000). Desde 1960, en los Estados Unidos jugar en la bolera ha experimentado una gran disminución, mientras han aumentado los que juegan solos a los bolos. Putnam estuvo en Italia en los años de reconstrucción del dopoguerra y observó que pasaba para que el mismo dinero llegado al norte se aprovechaba y se esfumaba por las rendijas en el sur. Lo reflejó en Making democracy work. Civic traditons in modern Italy (1993). Por cierto, ¿sabe el lector dónde está la bolera más cercana donde tomar un zumo y charlar con los conocidos?
Como escribió Pablo VI, los cristianos podemos contribuir a crear capital social

