Los saberes que ponemos en juego

Donde se invita a profundizar en el esquema curricular que propone la LOMLOE, con el fin de que no perdamos la identidad cristiana de lo que queremos enseñar.

3Cada vez que las autoridades educativas toman iniciativas de regulación y, muy especialmente, cuando esta consiste en una nueva ley, emerge una inquietud entre los que nos dedicamos a la misión educativa de tradición católica: ¿no será esta nueva ordenación un caballo de Troya para ahormar el sistema educativo a imagen y semejanza de la ideología dominante? Me parece una legítima inquietud que nos obliga a un análisis crítico necesario y a la postre siempre fecundo. Conforme he ido conociendo las propuestas, todavía en borrador, confieso que esta inquietud ha estado presente en todos mis análisis. Me gustaría compartir algunas de las conclusiones a las que he llagado para animar a actitudes e iniciativas basadas en la confianza y en la colaboración proactiva con el fin de que, entre todos, podamos de verdad acompañarnos en el reto de hacer la mejor aplicación posible de esta nueva ley.

A la hora de analizar las fuentes de la propuesta curricular, hay un dato que me parece muy significativo: se propone una referencia explícita a una fuente de ámbito mundial como es la Agenda 2030 y, en el modelo más estrictamente curricular, se asume la propuesta de la Unión Europea sobre el modelo competencial. En el primero de los casos, la Agenda 2030 ha sido objeto de un apoyo explícito por parte del papa Francisco. En el segundo caso, es muy cierto que la primera formulación de las competencias a mediados de los noventa presentaba graves carencias. Yo mismo fui muy crítico en aquel momento, porque veía una mera traslación al sistema educativo de las exigencias de una sociedad de mercado. Creo sinceramente que la propuesta que la Comisión Europea hace ha corregido aquellas deficiencias ampliando las competencias en el ámbito humanístico-artístico y, sobre todo, reformulando la competencia personal, social y de aprender a aprender (CPSAA). Una mirada global hacia las ocho competencias nos permite concluir que prácticamente cinco de ellas inciden en el ámbito humanístico. En mi opinión, la CPSAA se queda muy corta en sus objetivos, pero a mí eso, como educador católico, me preocupa poco, ya me encargaré yo de transitar por esa puerta abierta.

Sinceramente, creo que este es el camino. No contemplemos la LOMLOE como un paquete cerrado que nos encorseta. Elevemos un poco la mirada, busquemos las puertas que abre y entremos por ellas para cumplir con nuestra misión: mostrar a nuestros alumnos cuál es la gozosa verdad que la fe en Jesús nos entrega sobre quiénes somos y qué mundo queremos construir. En este sentido, creo que estas dos fuentes no nos impiden en absoluto cumplir con nuestra misión, sino que, en algún caso, como es el de la CPSAA, nos abren un camino interesante. Es cierto que entre los objetivos que se nos proponen aparecen elementos que reflejan eso que podemos llamar “la ideología dominante”. Tal como apunté el mes pasado, frente a todos esos comentarios lo que se nos exige es rigor, estudio y análisis profundo de la propuesta curricular. Entonces nos percataremos de que esos elementos no dejan de ser matices periféricos, nunca esenciales, y que nos van a impedir comunicar el sentido que nos es propio.

Para eso es imprescindible captar bien cuál es el papel de los saberes en el esquema curricular que nos propone la LOMLOE. Sabemos que el modelo competencial no rechaza los contenidos, sino que los considera medios para la consecución de determinadas habilidades competenciales. El contenido deja de ser un fin en sí mismo, pero eso no significa que desaparezca. Es más, en algunos casos, la exigencia de adquirir un determinado saber será mayor porque se exigirá que pase de la memoria a la acción. En el caso de la ERE, y así se propone con claridad en la propuesta curricular que ha lanzado a consulta la Comisión para la Educación y Cultura, aparecen los saberes propios de nuestra fe que hay que poner en juego para adquirir los objetivos predeterminados en la propuesta competencial. Se alcanzan las habilidades competenciales por medio de la adquisición de los saberes que nos son propios. Esa es la clave.

 

Revista RyE   N.º 354   Noviembre 2021

 

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