Una intención por la educación
Francisco propuso comenzar 2025 con una intención por la educación: “Oremos para que migrantes, refugiados y afectados por las guerras vean siempre respetado su derecho a la educación, necesaria para un mundo mejor”.
En el llamado El vídeo del Papa, el mismo papa Francisco hace un desarrollo de los motivos de esta intención, que repite respecto a la oración de 2023. Acompañado de diversas imágenes, se lo puede ver y escuchar explicando que “hoy se vive una “catástrofe educativa”. Y no es exageración. A causa de las guerras, las migraciones y la pobreza, “unos doscientos cincuenta millones de niños y niñas carecen de instrucción”. No es la primera que utiliza el término “catástrofe” para calificar la situación de la educación. Lo había usado en octubre de 2020 en el videomensaje que grabó para el encuentro virtual con el que se reanudaron las iniciativas en torno al pacto educativo global.
En aquel entonces, en el marco de la pandemia, decía que, a partir de los datos de organismos internacionales, se estaba hablando de una “catástrofe educativa”, aunque esa expresión sonara un poco fuerte. Este duro diagnóstico miraba el escenario de ese momento en el que se estimaba en unos diez millones la cantidad de niños que podían verse obligados a abandonar la escuela a causa de la crisis económica generada por el coronavirus, lo que agravaría una situación de brecha educativa, de por sí alarmante. Ya en ese contexto se hablaba de más de doscientos cincuenta millones de niños en edad escolar excluidos de cualquier actividad educativa.
En esta oportunidad, el foco está puesto en una porción de esos millones que están fuera de cualquier tipo de escolarización, como son los niños y los jóvenes migrantes o refugiados. Para ellos, el derecho a la educación es, al mismo tiempo, una puerta de esperanza, ya que se convierte para muchos en la única oportunidad de salvación de la discriminación, las redes de delincuencia y la explotación infantil.
Junto con la mirada de la situación de estos menores desfavorecidos, también está el llamamiento a la integración y la acogida. Y en este sentido, está largamente demostrado cómo la educación juega un rol fundamental como herramienta para combatir la segregación social y fomentar la inclusión. Por eso la acogida en la educación se traduce en primer lugar en una actitud del corazón, que, como expresa el arzobispo, teólogo y filósofo italiano Angelo Vincenzo Zani, “supone ponerse a la escucha del otro, de los destinatarios de nuestro servicio, los niños y los jóvenes. Implica que las familias, alumnos y autoridades (principalmente los agentes de la educación) presten oído a otro tipo de sonidos, que no son simplemente los de nuestro círculo educativo. Eso evitará que se cierren en su propia autorreferencialidad y hará que se abran al grito que brota de todo hombre y de la creación” (Mensaje al Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño y a la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosos por el pacto educativo global, 2021).
Acortar la dramática brecha educativa
Asimismo, se hacen necesarias políticas y acciones concretas que hagan posible el acceso igualitario a la educación, promuevan modelos curriculares que atiendan a la diversidad en las aulas, fomenten los valores de la empatía y la tolerancia, involucren a toda la comunidad para que se formen redes que hagan posible la integración, por mencionar algunas de las iniciativas que son necesarias llevar adelante para acortar esa dramática brecha educativa.
El papa Francisco termina su mensaje en el vídeo de comienzo de año diciendo que “la educación nos abre puertas a un futuro mejor. Y así, los migrantes y refugiados pueden contribuir a la sociedad, ya sea en su nuevo país o en su país de origen, si deciden regresar. Y no olvidemos nunca que quien acoge al forastero, acoge a Jesucristo”.
En este año jubilar, todos los que formamos parte del mundo de la educación estamos invitados a avanzar como peregrinos en busca de un horizonte de esperanza al que queremos llegar por medio de la senda de la educación sin que se quede nadie por el camino.
Es una puerta de esperanza, ya que se convierte para muchos en la única oportunidad de salvación

