Todo lo necesario para la Pascua
Celebrada la Pascua, transitamos el tiempo pascual, en el que se prolonga la alegría por la celebración del centro de nuestra fe: el misterio pascual de la pasión, muerte y resurrección del Señor.
Seguramente la Semana Santa y el triduo pascual han sido una ocasión privilegiada para que muchos que quizá no participan habitualmente en las distintas comunidades se hayan podido acercar para vivir junto con sus hermanos estas celebraciones tan expresivas y significativas. Desde mi experiencia personal, la primera aproximación que tuve con la liturgia fue preparando la Semana Santa de mi parroquia. Recuerdo que, siendo parte de los grupos juveniles, el párroco me invitó a que me sumara al equipo que iba a organizar todo lo necesario para las celebraciones de ese año. Desde mi más absoluto desconocimiento fui descubriendo un mundo de ritos, gestos y palabras que me cautivó. Tengo bien presente que ese momento fue el inicio de un camino que me hizo gustar de la liturgia y querer seguir profundizando en su conocimiento.
Por eso cuando Francisco insiste en que “la finalidad de la reforma litúrgica (en el marco más amplio de la renovación de la Iglesia) es precisamente «favorecer la formación de los fieles y promover una acción pastoral que tenga como culmen y fuente la sagrada liturgia»”, pienso en la preciosa oportunidad que se presenta en este tiempo pascual para lograr este objetivo. Creo que tanto para los que tienen que preparar como para los que participan de las celebraciones estos son espacios especiales para llevar adelante la necesaria formación litúrgica, en sus dos dimensiones: formación a la liturgia y desde la liturgia. La primera dimensión hace referencia al necesario conocimiento que se debe tener de los ritos para poder participar de manera consciente de la celebración. Es un principio básico, pero no podemos darlo por supuesto, menos en esas celebraciones que desde su estructura ritual se presentan un poco diferentes a las habituales liturgias dominicales. Se me representa aquí la importante tarea de los catequistas y profesores de Religión que pueden contribuir mucho a que se llegue a conocer todo lo relativo al modo de celebrar el misterio cristiano. Ayudar a responder a las preguntas acerca de qué, quiénes, dónde, cuándo y cómo celebramos puede ser una buena hoja de ruta para esta formación a la liturgia.
Sin duda, conocer todo lo relativo a la estructura verbal-simbólica de la liturgia católica es muy importante, pero no es suficiente. Si bien hay personas que se dedican al estudio científico de esta dimensión de la vida de la Iglesia, su naturaleza no es la de ser un objeto de conocimiento, sino la de ser una acción sagrada. Por eso, como afirmaba el Santo Padre en el Discurso a los participantes en la plenaria del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos de febrero de este año, la formación desde la liturgia empieza por las “asambleas que se reúnen el día del Señor y por las fiestas del año litúrgico: estas constituyen la primera oportunidad concreta de formación litúrgica. Y del mismo modo pueden serlo otros momentos en los que el pueblo participa más en las celebraciones y en su preparación: pienso en las fiestas patronales, o en los sacramentos de la iniciación cristiana. Preparados con cuidado pastoral, se convierten en ocasiones propicias para que las personas redescubran y profundicen el sentido de celebrar hoy el misterio de la salvación”.
Reconocer al Señor
No es menor este acento que menciona Francisco de la preparación con cuidado pastoral de todo lo relativo a las celebraciones. Y si bien hay una responsabilidad grande en los ministros que presiden las celebraciones para poder cultivar el arte de celebrar que favorezca la participación, también nosotros desde el lugar que nos toca podemos contribuir a este fin. Con el recuerdo cercano de la celebración del triduo pascual, siguen resonando las palabras de Jesús en el evangelio de Lucas, que pedía que preparáramos todo lo necesario para la comida pascual. Que esta preparación nos permita a nosotros y aquellos niños y jóvenes que nos toca acompañar que al final del camino de esta cincuentena, como a los discípulos de Emaús, se nos abran los ojos y reconozcamos al Señor cada vez que toma el pan, lo bendice, lo parte y nos los entrega.
Conocer todo lo relativo a la estructura verbal-simbólica de la liturgia es muy importante, pero no es suficiente

