¿Primarias eclesiásticas?
En 1968, en Triunfo, un laico no se conformaba con suprimir el “derecho de presentación”. Cincuenta años después, en Infovaticana, otro asume “una modesta propuesta” ante escándalos y silencios.
El primero es Enrique Miret Magdalena, que propugnaba en Triunfo volver a una situación, que se habría dado en el primer milenio latino y en el cristianismo oriental: la elección de obispos “con la clara intervención del pueblo, pudiendo incluso vetar este al que no era de su agrado”. Continuaba denunciando el intento de sustituir el sistema de presentación por el Estado español, por otro en el que el protagonismo recayera en la Conferencia Episcopal Española. Sostiene, “con Pío XII y el Concilio, que la Iglesia somos todos los creyentes y, por tanto, no comprendemos que, en las decisiones que nos afectan a todos, participen solo unos pocos, sean civiles o eclesiásticos”. Y hace su propuesta: “No es más lógico, y más coherente, por el puesto activo que debe tener el católico en la Iglesia, que sean todos (escogiendo alguna forma práctica de hacerlo) los que participen en la elección del candidato, o candidatos, a obispo?”.
El segundo es un articulista de Infovaticana, C. Esteban, que se pregunta: “¿Cómo se elige a los obispos? Es, fundamentalmente, un proceso de cooptación, es decir, que es el propio aparato el que selecciona a sus cuadros. […] Es, en fin, un proceso muy semejante al de selección de un partido político o cualquier organización burocrática, que selecciona fundamentalmente al candidato más idóneo para la supervivencia y el buen funcionamiento de la maquinaria: los más leales, los buenos administradores, los más moderados, los que han hecho amigos en la cumbre, los políticos, los hombres de consenso, los que no hacen olas”. Y asume la propuesta de Sammons: “Quizá sea entonces el momento de considerar una mayor implicación del laicado en la selección de obispos. Podría crearse un comité de selección consistente en sacerdotes y laicos de la diócesis que elijan los sacerdotes de la terna”.
En 2001, el jesuita Juan García Pérez se hacía eco de que, “en los últimos años, se ha producido una serie de nombramientos episcopales que han causado extrañeza, desilusión y hasta violentas protestas. No hace muchos años decía en Suiza el nuncio Rovida que los papas habían nombrado obispos durante los últimos dos mil años, y que los así llamados derechos de elección de obispos en realidad eran derechos de patronato, «derechos concedidos a las autoridades civiles»”.
En realidad, una rápida mirada a los diversos tramos históricos matiza y relativiza los procedimientos, porque “esta cuestión ha tenido a lo largo de la historia de la Iglesia católica una relativa importancia”. Hubo dos factores a los que la Iglesia primitiva concede singular relieve: la participación activa de la Iglesia local y la presencia de la jerarquía por medio del colegio regional de obispos (Primera epístola, de Clemente Romano del año 94).
¿Una elección sinodal?
“A partir del siglo III, la iniciativa la llevará el clero que daba el testimonio acerca del candidato. El pueblo votaba, sobre todo por medio de los notables de la ciudad, y a los obispos vecinos correspondía la decisión definitiva”. Los siglos VI al XI supusieron un cambio de época; y del XI al XIV se pasa de la elección al nombramiento. “Tendrán que pasar bastantes siglos, propiamente hasta el siglo XX, hasta que se llegue a la situación actual en la que el Papa, con unas pocas excepciones, designe a los obispos de todo el mundo”. En 1995, en un simposio organizado por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, se expresaba con respetuosa claridad una crítica al sistema actualmente vigente en la Iglesia latina de nombramiento de obispos. Casi un cuarto de siglo después, el llamado C9 y el Pontífice trataron el tema de “los modos en los que la Curia romana puede servir mejor a las Iglesias locales”. Sánchez Soto, en su tesis La elección de los obispos en una Iglesia sinodal, estudia este paso el mismo 2017 en la Universidad de Salamanca.
Se expresaba con respetuosa claridad una crítica al sistema actualmente vigente

