Viajeros del espíritu
Una serie de viajeros del espíritu nos proporcionan sus relatos. Durante milenio y medio, se ha cultivado la transmisión de la experiencia viajera abierta al interior. Lecturas para el verano.
En el ámbito espiritual, en el sentido amplio que se da a este término en el pensamiento moderno, la noción de viaje tiene un papel destacado. La búsqueda de sentido se aventura por territorios problemáticos y poco explorados. Hay peregrinaciones del alma que abren rutas arriesgadas y fascinantes, o que se extravían. Hay un género literario sugerente como es el relato de viajes. El viaje es una potente metáfora de la vida humana y la enriquece con hallazgos inesperados, con encuentros iluminadores, con horizontes desconocidos. Puede llegar a convertirse en viaje interior, en experiencia transformadora. Las altas expresiones del espíritu humano, como la religión, la música y la filosofía, proporcionan poderosos estímulos para despertar nuestra pasión viajera. La mera convivencia con los habituales de nuestros mundos y el posible encuentro o simple roce con los forasteros, de fuera de nuestro ejido particular, transforman el viaje.
Con el título de “Viajeros del espíritu” se ha desarrollado en la Universidad de Cantabria un ciclo de conferencias. Comenzó con “Un recorrido alrededor de la literatura de viajes”. En él, el filósofo santanderino Carlos Nieto, presentó un elenco histórico de viajeros y viajes. Empezó por una gallega de la antigüedad tardía. Egeria, que fue la primera que escribe una guía y describe la ascensión a un monte, en su viaje a Tierra Santa. Continuó con Aymerich y san Francisco, autores de la primera guía del Camino de Santiago y exiliado espiritual en mundos ajenos, respectivamente. Se recreó en presentar La divina comedia de Dante Alighieri como una sucesión de viajes situados en su tiempo y para la eternidad. Y terminó presentando la vocación viajera apostólica de “don Jorgito el inglés”. Así era conocido en Madrid a comienzos del siglo XIX quien se hizo famoso por su libro La Biblia en España.
En él, narra su recorrido por media España y los múltiples incidentes y encuentros con bandidos, arrestos y detenciones, conspiraciones de gitanos, amenazas de muerte de los que fue protagonista o testigo. Aunque quizá lo que mas puede interesarnos hoy son las anotaciones cotidianas. Vio entre 1836 y 1840 la primera guerra carlista, la desamortización y la primera tolerancia constitucional. George Borrow viajó por cuenta de la Sociedad Bíblica Británica con el objeto de difundir el Nuevo Testamento en una edición sin comentarios y accesible para todos. Manuel Azaña, traductor y prologuista en 1921 de la primera edición española, señala el novelesco interés de muchas aventuras, que parecen propias de un libro picaresco. Pero, por encima de todo, destaca su carácter de obra de creación, que lo sitúa entre los mejores libros de su género. Mil quinientos años antes, Egeria se había abierto también a vivencias del cristianismo diferentes con los ojos bien abiertos.
Sus memorias
Tras este recorrido alrededor de la literatura de viajes, un científico de la Universidad Autónoma de Madrid, Javier Ordóñez, describió vivencialmente cómo “todo viaje es un regreso”. Fue a propósito de sus viajes a Bach y de los de este por la pasión, según san Mateo y san Juan. La reiteración centenaria del regreso a los lugares de Johann Sebastian Bach, donde es escuchada piadosamente su música, la conectó con la complejidad: de la composición por su autor, en su itinerario vital, y por la percepción católica y protestante, que podemos tener en nuestros días cada uno de nosotros. El símbolo del camino en el orden del saber fue el tema que de nuevo un filósofo, Pedro Cerezo Galán, abordó en la tercera conferencia del ciclo. Podríamos añadir otros viajes. Hace un siglo viajó a Rusia Fernando de los Ríos Urruti, y vio que no era eso, y Federico García Lorca a Nueva York, siendo impactado por la metrópolis. Cientos de españoles salieron entonces subvencionados por la Junta para la Ampliación de Estudios, y nos dejaron sus memorias.
Hay peregrinaciones del alma que abren rutas arriesgadas
y fascinantes, o que se extravían

