Una Iglesia, un pueblo
Son cinco minutos escasos, pero el profesor cuenta con una bella presentación, ligera a la vez que densa, del fundamento de lo que va a ser la entraña de la clase de Religión a lo largo del curso. En realidad, es tan profundo el fundamento que subyace como fuente de vida de todo lo que se haya cursado anteriormente y de lo que se pueda cursar. Es “aquella eterna fonte” a la que canta el lírico poeta de Fontiveros: “Su origen no lo sé, pues no le tiene, / mas sé que todo origen della viene, / aunque es de noche”. Decía que son cinco minutos escasos lo que dura One Church, One People (www.e-sm.net/217065-01), el videoclip que plasma con arte la canción oficial que ha recibió Francisco como regalo en su viaje a Singapur, Papúa y Timor Oriental. Un logrado ejercicio que condensa lo esencial de la fe, vínculo de unidad de todos los católicos, e impulso para tomar conciencia de que están llamados a ser luz para el mundo como testigos del Evangelio hecho vida. Comienza la canción con el protagonismo de la luz del Génesis que pronuncia la Palabra creadora de Dios. Su lejano poderoso foco lo va inundando todo, atravesando el tupido ramaje de los árboles y dejando su estela en la húmeda arena de la playa acariciada por olas tranquilas. El Espíritu va transformando el caos en cosmos. El tronco de una “trinidad” de bailarinas, transidas por la luz, se despliega en danza de cuerpos y brazos creadores, con rostro propio, en acompasado movimiento de baile único. Dan plasticidad a lo que la solista canta, acompañada de tres músicos, apoyados todos en un hermoso viacrucis. El Crucificado, elevado en alto, se ha convertido en foco de atracción. Resucitado, Luz de Luz, derriba los muros que nos separan para formar un solo pueblo, congregado para cantar su alabanza y proclamar su nombre, y así todas las generaciones conozcan la gloria de Dios.

