En el número anterior de esta revista publicábamos el artículo de Carlos Esteban en el que se presentaban y valoraban los resultados que expresaba el EREbarómetro de la Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación (en adelante, LOMLOE), elaborado por el Observatorio de la Religión en la Escuela. Fue una presentación, necesariamente breve, de un documento que nos ayuda a fotografiar el estado de opinión de los profesores de Religión sobre asuntos relevantes para nuestra asignatura. Nos pareció muy interesante la valoración tan positiva que tiene el nuevo currículo de Religión, tanto en la síntesis teológica como en la pedagógica, que obtiene un ochenta y cinco por ciento de evaluación positiva. No olvidamos, como se puede comprobar en la página web que la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura abrió en el proceso participativo del nuevo currículo, que el cambio curricular era una reclamación compartida por más del noventa por ciento de los profesores que participaron. Por tanto, y ese es un buen punto de partida, el nuevo currículo es una buena noticia para la enseñanza religiosa escolar.
La identidad de la enseñanza religiosa escolar, además de la acción del profesor, se expresa en el currículo. La visión de la teología, que ha de ser verificada en el diálogo con la cultura, se realiza a través de la propuesta curricular que hacemos en el aula. Enriquecer la vida de los alumnos y de la sociedad, con las aportaciones específicas de nuestra materia, solo puede hacerse desarrollando, con profundidad y sentido, los núcleos teológicos de las competencias en las categorías pedagógicas del modelo curricular propuesto por la LOMLOE. La propuesta del currículo tiene más vida de la que se obtiene en una mirada que solo busca completar los trámites burocráticos. El tiempo de la formación continua acaba de comenzar.
Nos pareció muy interesante la valoración tan positiva que tiene el nuevo currículo de Religión Católica

