Hospitalidad después del coronavirus

Las instituciones que se dedican al hospedaje de personas deberán cumplir, en un entorno de precariedad social y económica derivado de la crisis pandémica, unos criterios éticos para la óptima acogida.

El ejercicio de la hospitalidad después del coronavirus presentará unas características muy particulares. En un entorno caracterizado por el miedo al contagio y por la precariedad social y económica derivada de la crisis pandémica, las instituciones que se dedican a hospedar personas deberán cumplir, escrupulosamente, una serie de requisitos éticos para poder garantizar el óptimo hospedaje, la integridad física y su salud de los huéspedes.

Solo las organizaciones que puedan ofrecer confianza serán dignas de crédito para sus usuarios, pero esta confianza solo se alcanza cumpliendo escrupulosamente determinados principios éticos.

Estos criterios deben operar en la toma de decisiones de sus responsables y tienen que ser expuestos con transparencia para evitar formas de discriminación aleatoria e invasiones de la privacidad. Deberán ser auditados por agencias independientes que puedan certificar, con independencia, el cumplimiento de dichos criterios y revisarlos periódicamente.

Un primer criterio en juego es el de no maleficencia. Los responsables de establecimientos de acogida tienen la exigencia de evitar un mal a los huéspedes que reciben. El fundamento de este criterio se halla en el juramento hipocrático. Eso exige un estricto control de las medidas de salud siguiendo, escrupulosamente, las órdenes de las autoridades. La desinfección y la higiene, por ejemplo, son indispensables para ofrecer un lugar seguro donde hospedarse.

Un segundo criterio para tener en cuenta es la beneficencia. El anfitrión debe buscar, con todo su empeño, el bienestar del huésped, su confort y su comodidad. Deberá buscarlo respetando la distancia social imprescindible, impuesta por las autoridades, lo cual exigirá, necesariamente, una redistribución de los espacios y los tiempos para evitar la concentración y la masificación.

Un tercer criterio que debe contemplarse escrupulosamente es la autonomía del huésped. Su libertad de movimientos se verá limitada por la situación que vivimos, pero debe mantenerse en la medida de lo posible. Esta libertad está sometida al primer criterio, de tal modo que, si existen riesgos reales de que un huésped pueda ser patógeno para otros huéspedes o anfitriones, deberá limitarse su acceso y libertad de movimientos. Eso exige, inevitablemente, administración de pruebas.

Un cuarto criterio que hay que tener en cuenta es el de justicia. Ningún huésped de los establecimientos de acogida debe ser discriminado por razones étnicas, culturales, ageísticas o religiosas. Es imprescindible garantizar la seguridad de quienes son albergados, lo cual exige administración de pruebas para evitar contagios, pero el único criterio que debe operar es el de la salud pública, y no otros prejuicios que puedan acarrear formas de discriminación apriorística.

Un quinto criterio es el de transparencia. Los responsables de establecimientos de acogida deberán informar a las autoridades del estado de salud de sus potenciales huéspedes para desarrollar los protocolos adecuados con el fin de garantizar la seguridad de todos.

El sexto y último criterio es el de confidencialidad. En la transmisión de la información médica, debe preservarse el secreto profesional. Se debe evitar cualquier forma de estigmatización del colectivo de ciudadanos contagiados y se tiene que velar por que todos, independientemente de su edad, poder adquisitivo, estado mental o creencias, reciban la atención sanitaria pertinente.

La confianza exige transparencia en la toma de decisiones y fidelidad a los criterios éticos expuestos. Los dispositivos de acogida deben adaptarse progresivamente a esta situación, lo cual exige, además de lo dicho, gran capacidad de ductilidad y adaptación. En los espacios que sea posible, será fundamental separar a los huéspedes en virtud de la información que aporten las pruebas con el fin de evitar contagios y garantizar la máxima salud de todos los huéspedes.

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