La educación en Querida Amazonia
En febrero, se publicó Querida Amazonia, de Francisco. Sabemos todos hacia dónde se fijó la atención en torno a lo que se esperaba que dijera (o no dijera) el documento y cómo, en función de eso, se llenaron páginas en los medios
Está claro que esas polémicas no dejan ver el fondo de este texto, que se presenta como un regalo para que toda la Iglesia, como dice el papa Francisco, “se deje enriquecer e interpelar por ese trabajo, que los pastores, consagrados, consagradas y fieles laicos de la Amazonia se empeñen en su aplicación, y que pueda inspirar de algún modo a todas las personas de buena voluntad”.
La cuestión de la educación, si bien no ocupa el centro de la reflexión, aparece en la exhortación en varias ocasiones. Por un lado, se hace referencia sobre cómo en algunos planes educativos de niños y jóvenes se llegaba a presentar a los pueblos originarios como intrusos o usurpadores. También se habla de la necesidad de asegurar “para los indígenas y los más pobres una educación adaptada que desarrolle sus capacidades y los empodere”.
La educación también se hace presente relacionada con la ecología, ya que el desarrollo de nuevos hábitos en las personas y en los grupos humanos supone un acto educativo. En ese sentido, el Papa invita a los habitantes de las ciudades a valorar la sabiduría de los pueblos de la Amazonia y a dejarse “reeducar” frente al consumismo ansioso y al aislamiento urbano.
Al hablar del riesgo de la colonización cultural, Francisco toca el sentido más profundo que tiene la tarea educativa, que es “cultivar sin desarraigar, hacer crecer sin debilitar la identidad, promover sin invadir. Así como hay potencialidades en la naturaleza que podrían perderse para siempre, lo mismo puede ocurrir con culturas que tienen un mensaje todavía no escuchado y que, hoy, están amenazadas más que nunca”.
Creo que estos principios pensados para esta región del planeta son, sin duda, aplicables a la tarea que llevamos adelante en todas las comunidades educativas. Cultivar, hacer crecer, promover: son enunciados con los que no podemos no estar de acuerdo y, seguramente, los encontraremos escritos en muchos idearios institucionales o proyectos educativos de nuestras escuelas católicas. Pero, como pasa a menudo con los enunciados, aparece siempre el riesgo de que queden en declamaciones y no se pongan en práctica.
El desafío que nos trae la exhortación tiene que ver con el modo en que se nos propone llevar adelante estas tres acciones: sin desarraigar, sin debilitar la identidad, sin invadir. Si esto es válido para cualquier acción educativa, lo es más para la acción educativa de la Iglesia, porque lo que se nos propone no es más que seguir el ejemplo de Jesús, quien hizo esto mismo con cada uno de los hombres y mujeres de su tiempo cuando les anunció la buena noticia.
Inculturación y diálogo
Dentro de la riqueza que tiene la exhortación apóstolica postsinodal Querida Amazonia, hay dos palabras que aparecen de manera repetida a lo largo del texto, y que si bien no están planteadas en relación al tema educativo, en el espíritu que se las presenta podrían motivarnos también a la reflexión para el campo que nos ocupa en nuestra revista. Son los términos inculturación y diálogo. Pienso que nosotros, los educadores (y especialmente los profesores de Religión), no podemos llevar adelante nuestra tarea en estos días si no hacemos el esfuerzo de valorar lo bueno que hay en la cultura del mundo, que se hace presente en nuestras comunidades educativas y en nuestras aulas a través de tantos alumnos, docentes y padres de familia que tienen una mirada diferente a la nuestra.
El desafío de la inculturación consiste en no despreciar nada de lo bueno que ya existe en las culturas, sino recogerlo y llevarlo a la plenitud a la luz del Evangelio. La clave para realizarlo nos la da el mismo Francisco y es asumiendo un verdadero espíritu de diálogo que “alimenta la capacidad de comprender el sentido de lo que el otro dice y hace, aunque uno no pueda asumirlo como una convicción propia. Así se vuelve posible ser sinceros, no disimular lo que creemos, sin dejar de conversar, de buscar puntos de contacto”.

