Víctimas
Publicado en el número 340 de la versión en papel. Mayo de 2020.
Es la primera palabra de Victimae paschali, la secuencia de Pascua: “A la Víctima pascual ofrezcan los cristianos alabanzas”. El canto poético que precede al Evangelio en la misa, inicialmente llamado “jubilus”, nace como prolongación (secuencia) del aleluya. Lo propio cuando se va a proclamar una buena noticia (Evangelio). Hoy la liturgia mantiene esta y Veni, Sancte Spiritus (Pentecostés). En la Edad Media eran cientos, pues al pueblo le gustaba cantarlas dentro y fuera de la iglesia. El canto religioso popular, que con la polifonía sacra y el gregoriano conforman los tres géneros de música litúrgica, les debe mucho. Algunas, como Dies irae (Difuntos) o Stabat Mater, han inspirado obras maestras de música difícilmente superables. ¡Y cómo de una Víctima puede brotar el aleluya! Misterio de misterios, que habita nuestros adentros, y ha jalonado la historia toda de la comunidad humana antes incluso de que tomara conciencia de ello.
Contamos en clase con no pocos guías expertos para iniciarnos en este misterio. Aquí, seguimos los pasos de Francisco de Asís en la película Hermano sol, hermana luna, de Franco Zeffirelli. Con maestría, elige el marco de una catedral, sobrecogida por un poderoso Victimae paschali gregoriano que lo anega todo, para mostrar el momento en el que Francisco descubre al Cristo vivo. Antes ha tenido este ojos compasivos, en los sótanos de su propia casa, hacia el anciano tintorero víctima sacrificada al dios dinero por su padre. En tiempos del coronavirus solo saldremos renovados, reza el Eclesiástico, si hacemos justicia a tantas lágrimas que han corrido por las mejillas de miles de ancianos abandonados, vidas entregadas a nuestro bienestar, y que ahora han muerto solos. Su oración atraviesa las nubes, el Altísimo los atiende. Buena es la misericordia en tiempos de pandemia.

