En la periferia
Hay un perfil de santo que se marcha fuera del Occidente cristiano, a su periferia, y se establece en tierras de otra cultura, de otra religión, y no con intención de convertir a nadie a la fe cristiana, sino para testimoniar acerca de ella y para ayudar a la gente. El asentamiento puede ser en una megápolis, según hizo Teresa de Calcuta, o en una región poco poblada, desértica o casi. El desierto tiene atractivo añadido para los contemplativos, como Charles de Foucauld (1858-1916), un hombre de familia aristocrática y de vida polifacética. Militar en Argelia, explorador en Marruecos, trapense en Francia y en un monasterio de Turquía, a su orientación mística no le bastó la vida monástica. Se retiró a Tamanrasset en el Sáhara argelino, donde vivió diecisiete años en medio de bereberes que le respetaban. Lo asesinaron unos forajidos en la ermita donde vivía. No creó ninguna congregación religiosa, pero su espiritualidad ha inspirado a muchos, en especial a los Pequeños Hermanos (y Hermanas) de Jesús, fundados por Réné Voillaume, y que siguen sus pasos en una vida contemplativa en la periferia de ciudades. Fue canonizado en mayo de 2022.
Fue semejante la vida y el final de unos monjes cistercienses en las montañas argelinas del Atlas. Vivían en perfecta armonía con los musulmanes de la zona, participaban en sus fiestas sin que fuera óbice la diferencia de religión. En situación de guerra civil, en el año 1996, frente a la alternativa de marcharse, deciden permanecer allí para seguir atendiendo a necesidades de una población empobrecida. Un grupo de guerrilleros irrumpió en su monasterio y se llevó, secuestró y asesinó a siete de ellos. Sobre su vida se hizo un film en 2010: premiado en el Festival de Cannes, De dioses y de hombres. Fueron beatificados en 2018.

