La memoria del mal

A pesar de lo aprendido en el siglo xx, la sombra de la guerra planea nuevamente sobre la humanidad. La construcción de la paz se erige como primordial en educación, al servicio de una cultura del diálogo y del encuentro.

La delgada línea roja es una excelente película que relata la invasión de Guadalcanal durante la Segunda Guerra Mundial. En medio de la batalla, el soldado Doll dispara y se da cuenta de que ha matado a un hombre. Con voz en off, reflexiona: “Esta terrible crueldad, ¿de dónde sale? ¿Cómo ha arraigado en el mundo? ¿De qué semilla ha brotado? […] ¿Acaso nuestra destrucción beneficia la tierra, ayuda a que crezca la hierba o que luzca el sol?”. Después de la batalla, reflexiona: “No hay nada que te haga olvidar la guerra. La guerra no ennoblece a las personas, las convierte en bestias y corrompe su espíritu”. Durante la Segunda Guerra Mundial, murieron más de cincuenta millones personas. Muchos quedaron mutilados de por vida y con graves secuelas psicológicas. La guerra corrompe, deshumaniza y su amargo recuerdo provoca en muchos el firme deseo de no volver a repetir el horror. El mundo salió tan herido de la guerra que la comunidad internacional creó una alianza para que no se repitiera otra guerra mundial. De este modo, nació la ONU y se aprobó la Declaración de los Derechos Humanos. Sin embargo, se mantuvo una fuerte tensión entre las potencias vencedoras: los Estados Unidos y la Unión Soviética.

En plena Guerra Fría, Juan XXIII publicó Pacen in Terris, donde suplica que se termine la carrera de armamentos y que todos los pueblos lleguen a un desarme simultáneo. No se debe permitir, advertía Pío XII, que la tragedia de una guerra mundial, con sus ruinas económicas y sociales y sus aberraciones morales, caiga por tercera vez sobre la humanidad. Al final del documento, pide a todos los fieles que oren y consagren todos sus pensamientos, preocupaciones y energías a procurar la paz.

La sombra de la guerra planea nuevamente sobre la humanidad. A pesar de los esfuerzos, parece que la historia da muestras de estar volviendo atrás y se encienden conflictos anacrónicos que se consideraban superados, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos (Francisco, Frateli tutti 11). Más que nunca, la construcción de la paz es un objetivo educativo prioritario que debiera impregnar todas las disciplinas del currículo. Habría que profundizar en la historia con la finalidad de cerrar heridas y reconciliarse, comprender que las ciencias y la tecnología deben estar al servicio de la paz y el progreso de los pueblos, las letras y las artes para ennoblecer la condición humana y abrirse al misterio.

La semilla de la violencia

En el fragor de la batalla y con las heridas abiertas, el soldado Doll reflexiona sobre el origen de la guerra: “¿De qué semilla ha brotado tanta violencia?”. Surge con fuerza la antigua reflexión filosófica y religiosa sobre el origen del mal: ¿qué dinamismos hay en la naturaleza del ser humano que lo inclinan al mal y lo convierten en una bestia sin sentimientos? Jesús aborda el tema del origen del mal: “Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mt 15,19), es decir, la persona está inclinada hacia el mal a no ser que exista una fuerza contraria que lo equilibre. Desde su experiencia personal, Pablo escribe: “Pues bien sé yo que nada bueno habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero. Y, si hago lo que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en mí” (Rom 7,15-24).

Muchas películas de género bélico pueden ser una herramienta didáctica para educar en la paz. Sin duda, La delgada línea roja es una que nos enseña que el mal es una fuerza real destructiva que reside en el corazón humano y que se puede activar si no se ponen los medios adecuados, pero también muestra que de un corazón noble pueden brotar gestos de heroísmo y compasión. Para construir la paz. hay que rechazar el mal, que es la semilla de la división, la guerra y la destrucción de la humanidad, un mal que se para con la fuerza del amor gratuito que viene de Dios, un amor que vence la muerte y la iniquidad. Más que nunca, oremos con fe para que Dios “no nos deje caer en la tentación y nos libre del mal”.

La paz es un objetivo educativo prioritario que debiera impregnar
todas las disciplinas del currículo

Revitsa RyE   N.º 356   Enero 2022
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