Camino hacia el Jubileo 2025
Se acerca el fin del curso. Entre las actividades para el próximo ciclo lectivo, me atrevo a agregar una: planificar de qué manera vamos a trabajar desde Religión y la pastoral la invitación de Francisco a vivir el Jubileo 2025.
En los primeros días de mayo conocimos la bula de convocación del Jubileo ordinario del año 2025 “Spes non confundit” (‘La esperanza no defrauda’). Al explicarnos el significado del lema elegido, Francisco nos dice que, “bajo el signo de la esperanza, el apóstol Pablo infundía aliento a la comunidad cristiana de Roma. La esperanza también constituye el mensaje central del próximo Jubileo, que según una antigua tradición el Papa convoca cada veinticinco años. Pienso en todos los peregrinos de esperanza que llegarán a Roma para vivir el año santo y en cuantos, no pudiendo venir a la ciudad de los apóstoles Pedro y Pablo, lo celebrarán en las Iglesias particulares. Que pueda ser para todos un momento de encuentro vivo y personal con el Señor Jesús, «puerta» de salvación (cf. Jn 10,7.9); con él, a quien la Iglesia tiene la misión de anunciar siempre, en todas partes y a todos como «nuestra esperanza» (1 Tim 1,1)”. El mismo documento papal podría ser el primer contenido a trabajar con los niños y jóvenes, para que, desde los diferentes aspectos que ofrece, se pueda comprender el valor profundo y actual que tendrá este evento para la vida de la Iglesia. Pienso en las posibilidades que ofrece para abordar su estudio desde la dimensión bíblica, histórica, social, política, espiritual, litúrgica, entre otras.
La apertura de la puerta santa en las diferentes basílicas papales en Roma y en las catedrales de todo el mundo que se realizará en el tiempo de Navidad darán inicio al año jubilar. Sería interesante poder sumarnos a este acontecimiento invitando a participar en las celebraciones que se realizarán a nivel diocesano, como así también desarrollando momentos celebrativos en la propia comunidad educativa. Hay dos elementos que son propios del Jubileo, como la peregrinación y la indulgencia, sobre los que podríamos pensar diversas iniciativas. Quizá se pueda realizar alguna peregrinación a una iglesia jubilar o algún lugar significativo para ponernos en camino como “gesto típico de quienes buscan el sentido de la vida”. La peregrinación, camino de esperanza, une a los creyentes y “favorece mucho el redescubrimiento del valor del silencio, del esfuerzo, de lo esencial”. Para transitar este camino como un camino de conversión que nos fortalezca en la esperanza, el año jubilar se presenta como una oportunidad especial para celebrar el sacramento de la reconciliación, “que representa un paso decisivo, esencial e irrenunciable para el camino de fe de cada uno”.
El mensaje central que ronda en torno a la esperanza es en sí mismo un eje sobre el que podríamos pensar todo un itinerario que nos acompañe en el año jubilar. Creo que el punto de partida tendría que ser la experiencia compartida de ese deseo y expectativa del bien que todos vivimos de algún modo. Todos esperamos, pero ese bien que deseamos probablemente pueda ser diferente y estar condicionado por la cultura actual que nos impulsa a quererlo todo y de inmediato. Por eso el documento nos habla de una virtud estrechamente ligada a la esperanza que es la paciencia, que como propuesta contracultural necesitaremos desarrollar para poder mantener viva la esperanza y consolidar como virtud y estilo de vida.
Signos de esperanza
Entre los muchos aspectos sobre los que se podría trabajar, señalo un último, que son los llamados por el Papa los “signos de esperanza” que nos invita a poner en el mundo y en especial para aquellos hermanos que necesitan una mayor atención. En ese sentido se mencionan a la paz, al deseo de transmitir la vida, a los presos, a los enfermos, a los jóvenes, a los migrantes, a los ancianos, a los abuelos y a los pobres. Hay mucho que se podría reflexionar sobre estas realidades y personas, y sobre todo mucho que se podría hacer junto con nuestros alumnos para atenderlos. Que estas propuestas y todas las que seguramente desde el conocimiento y la creatividad de tantos profesores de Religión y agentes de pastoral se concretarán para vivir el Jubileo nos ayuden a que cada uno de nosotros nos dejemos “atraer desde ahora por la esperanza y permitamos que, a través de nosotros, sea contagiosa para cuantos la desean”.
Todos esperamos, pero ese bien que deseamos probablemente pueda
ser diferente y estar condicionado

