Reconstruir, transformar y dar sentido

Comenzamos un nuevo año de sueños y deseos, algunos de los cuales quedaron paralizados por la pandemia. Esta labor de reconstrucción y transformación, sin embargo, no se puede acometer sin que esté cargada de sentido.

Acabamos de celebrar el comienzo de un nuevo año y, sin importar las tradiciones que sigamos, seguramente en estos días hemos estado pensando en nuestros deseos y sueños para la etapa que se inicia. Estas fechas nos abren a la esperanza de que algo nuevo y mejor puede suceder, aunque no caben dudas de que las vicisitudes de cada día se encargan de mostrarnos que nada es “mágico” y que para que aquello que soñamos se vuelva realidad debemos trabajar para conseguirlo. La situación que nos toca atravesar a las instituciones educativas en el contexto de la pandemia probablemente haya hecho más difícil o postergado la concreción de muchos de nuestros sueños, por lo que considero que, para poder iniciar el camino para conseguirlos, estamos llamados como educadores a reconstruir, transformar y dar sentido.

La convocatoria a reconstruir implica, en primer lugar, atender a la dimensión personal. Las secuelas de la pandemia, tanto sean en la salud física o mental, en los afectos especialmente frente a la pérdida de un ser querido, en la economía personal o familiar, en la incertidumbre cotidiana, todavía se hacen sentir para muchos hombres y mujeres que forman parte de las instituciones educativas. Por eso es indispensable que podamos encontrar los apoyos necesarios para salir adelante. Y, como nos ha expresado con tanta claridad el papa Francisco, en tiempos de crisis, “nadie se salva solo”, por lo que esta reconstrucción comporta una reparación comunitaria. Es importante que, al comenzar este nuevo año, podamos detectar qué es lo que hay que reconstruir en nuestra institución y qué acciones son imprescindibles para lograrlo.

La segunda acción propuesta es la de transformar, que, sin duda, está relacionada con la primera. Todos conocemos el modo en que la situación inédita que venimos atravesando desde marzo del 2020 ha impactado en las propuestas educativas razón, por la cual hablábamos de la necesidad de reconstruir. Pero esta reconstrucción puede convertirse en oportunidad de transformar, de hacer algo nuevo. Puede sucedernos que tengamos la nostalgia o la tentación de volver a 2019 y hacer como si nada hubiera pasado, o bien que nos animemos a repensar nuestras propuestas educativas tomando aquello que quizá hayamos tenido que incorporar por razones de fuerza mayor. En estos días, se escucha repetidamente la pregunta acerca de si alguno de los cambios que se suscitaron en las propuestas educativas llegó para quedarse. Quizá sea difícil dar una respuesta general a esta pregunta, sobre todo porque todavía estamos en medio de este escenario de pocas certezas, pero, sin duda, es una pregunta que nos tendríamos que animar a responder. Como nunca antes, estamos frente al desafío de poder transformar en serio muchas de las prácticas que quizá siempre tuvimos ganas de cambiar, pero no encontrábamos el momento favorable para modificarlas.

¿Para qué?

Pero tanto la reconstrucción como la transformación deberían estar cargadas de sentido. Ese sentido que nos da la valentía de asomarnos a la pregunta acerca del ¿para qué?: ¿para qué reconstruir? ¿Para qué transformar? ¿Para qué hago lo que hago? ¿Para qué hacemos lo que hacemos? Quizá sea tiempo de conectarnos a nivel personal con aquello que nos hizo algún día seguir esta vocación, poder volver a escuchar ese llamado que nos impulsó a elegir la educación como profesión y como modo de vida. Lo mismo cabe a nivel institucional y como comunidad poder volver a recordar el sueño fundante que impulsó el proyecto educativo del que hoy formamos parte. Como hombres y mujeres de fe, tanto en la vocación personal como en ese sueño fundante comunitario, descubrimos la voz del Señor que nos invita a seguirlo. Será tarea de este tiempo poder volver a ese primer llamado para que, como los discípulos de Emaús, nos vuelva a arder el corazón y, desde ese sentido que encontramos para nuestra tarea y para la misión de nuestras instituciones, nos comprometamos a reconstruir y transformar la aldea de la educación.

Quizá sea tiempo de conectarnos a nivel personal
con aquello que nos hizo algún día seguir esta vocación

Revitsa RyE   N.º 356   Enero 2022
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