Superar barreras
En la carta del día, se ofrecen como platos recomendados la crispación y la polarización ideológica. No hay espacio para el diálogo, el encuentro y el entendimiento. Hay que empezar a superar barreras.
Según los filósofos y los científicos no creyentes, hay dos tipos de barreras que impiden afrontar un diálogo sereno, sincero y fructuoso. Podríamos decir que el primer tipo de barrera es de orden histórico y social, a veces coyuntural o circunstancial, pero no por ello menos real o importante: se trata de los hechos y actitudes de origen histórico y social que predisponen, más aún, indisponen, a un acercamiento confiado. El segundo tipo de barrera es de orden propiamente científico, pero también filosófico y hermenéutico. Respecto al primer tipo, debemos asumir las barreras presentadas principalmente por Richard Dawkings. Él las enumera de la siguiente forma:
- La pretensión de poseer ideas sagradas y, en consecuencia, incuestionables en asuntos religiosos y políticos. Desde la perspectiva de fe, hay que admitir que las verdades de fe no son evidencias lógicas, ni matemáticas. Son contenidos razonables, que debemos saber exponer públicamente utilizando, si es posible, argumentos seculares para que el no creyente comprenda y pueda admitir desde su lógica. En la argumentación no es necesario dar el salto a lo sobrenatural; si con argumentos racionales, es posible llegar al mismo puerto.
- La presunta superioridad de la religión sobre otras actitudes, disciplinas e instituciones no religiosas. Las actitudes de superioridad, sean de un lado o del otro, destruyen las condiciones de posibilidad del diálogo. Ni el creyente es superior porque abraza la fe, ni el agnóstico es inferior porque ponga en entredicho los dogmas de la fe.
- El respeto exagerado por la religión como algo intocable. Convertir una cuestión en tabú o tema prohibido es un atajo fácil para evitar hablar de ello y para evitar convertirla en una cuestión de diálogo. Los temas de fe pueden ser objeto de tratos muy distintos. Mientras el respeto, el rigor y la precisión rijan el espíritu de los interlocutores del diálogo, no es válido prohibir ciertos ámbitos temáticos o bien convertirlos en tabú.
- El exceso de privilegios de la religión y de sus representantes. Esta observación debería tener más sentido en el pasado, que no en la actualidad. En la mayoría de las sociedades secularizadas, el diálogo se plantea en términos de equidad. No se atribuye a los representantes de la institución religiosa un privilegio en el uso de la palabra, ni una superioridad moral por el mero hecho de ser representante. Lo que ciertamente cuenta en el diálogo es la argumentación, la confrontación de ideas.
- La exagerada relevancia social que se les ha concedido históricamente.
- La arrogancia y prepotencia de personajes religiosos en debates ideológicos y su incapacidad para cuestionarse con seriedad los problemas reales, refiriéndose a instancias incuestionables como el dogma y la fe.
¿Cuáles son las condiciones idóneas?
Dentro de una postura razonable de diálogo, los creyentes debemos entender, reconocer y asumir las dificultades legítimas planteadas por los autores no creyentes, examinando a fondo la objetividad de estas razones y las distintas formas y expresiones de la fe en una divinidad. No cabe duda de que toda religión, como todo lo que es humano, tiene que vivirse en un proceso continuado de purificación desde sus raíces. Sin embargo, dejando a un lado estos asuntos históricos, sociales, culturales y coyunturales, es importante centrarnos en el punto fundamental: las condiciones de posibilidad del diálogo. Ahí está la cuestión básica: presentar los requisitos indispensables para articular un encuentro dialógico desde el respeto y la autenticidad, en un plano de reconocimiento equitativo. En contextos de polarización ideológica como los que estamos viviendo en el presente, resulta indispensable identificar correctamente las condiciones de posibilidad de este diálogo. Para ello, deberemos recabar de nuevo en los fundamentos de la comunidad ideal de diálogo tal como esbozó Jürgen Habermas y sus discípulos.
Resulta indispensable identificar correctamente las condiciones de posibilidad de este diálogo

