La edad de la experiencia

Cada vez es más frecuente que los abuelos acompañen a sus nietos durante el día. Aunque no pueden sustituir nunca a los padres, pueden ser muy útiles colaborando en la transmisión de la tradición y la educación.

En el pueblo de Israel, se concede a los abuelos una gran responsabilidad educativa. Del mismo modo que es un mandato enseñar a los hijos, es una obligación enseñar a los nietos: “Y la enseñarás a tu hijo y al hijo de tu hijo” (Dt 4,9); y no solo al nieto, sino que se considera un mandato para todo sabio en Israel enseñar a sus alumnos, quienes, asimismo, se consideran “hijos”. De modo que, si bien los primeros responsables son los propios padres, la educación del prójimo no deja de ser competencia de todo el pueblo de Israel. A su vez, la ley, cuando se habla de las coyunturas por las que atraviesa la nación, recomienda a los judíos: “Pregúntale a tu padre y te dirá, tus ancianos (abuelos) y te comunicarán” (Dt 32,7).

En la sociedad que describe Homero en sus relatos, los hombres, antes de entrar en guerra, iban al poblado a consultar al de mayor edad porque tenía más experiencia y podía dar una visión sensata y no contaminada por la pasión. En todas las culturas tribales, existe la figura del anciano gurú sabio al que todos piden consejo en cualquier dificultad. Las personas mayores han adquirido una gran experiencia y sabiduría muy apreciada por las familias y la sociedad en general. Nuestra sociedad actual no valora la experiencia que tienen los ancianos. Cuando dejan de ser “productivos”, muchos hacen de canguros de sus nietos, ocupan su tiempo libre en sus aficiones y, en el peor de los casos, son aparcados en residencias.

Según Silvia Ochoa en su libro La sabiduría de los años, la gran injusticia del siglo XXI es “ignorar la sabiduría y la edad de la experiencia”. En el mismo libro, expresa que los ancianos “encarnan el reservorio de la sabiduría de los pueblos y de la humanidad y su tarea es trascender las edades históricas con su orientación y consejo prudente”.

No se puede alcanzar una vida plena y feliz sin tener raíces, sin conexión con la tradición cultural y la identidad de la comunidad donde creció. La identidad personal se fundamenta en el patrimonio moral recibido en el seno de nuestra familia y la tradición cultural del pueblo. “No se puede proyectar el futuro sin hacer referencia al pasado rico en experiencias significativas y en puntos de referencia espiritual y moral” (Benedicto XVI). Muchos padres ya no son capaces de transmitir la herencia cultural y religiosa. La sociedad actual les pide que eduquen, pero dejando libre al niño, virgen de toda traza de autoridad, liberado de todo el peso de la cultura anterior a su individualidad. Se quiere educar a los niños en el respeto, en la tolerancia y en la ciudadanía, pero sin conexión alguna con la tradición. Cuando se entiende la educación sin la transmisión de la herencia, se vuelve vacía.

Una sociedad que desee progresar debe dar mayor relevancia de los mayores en la educación integral

Sueños, memoria y oración

Por eso, una sociedad que desee progresar debe dar mayor relevancia de los mayores en la educación integral de los niños pues, dada la experiencia que han acumulado por los años, han adquirido una gran sabiduría: “En los ancianos está la sabiduría y, en la larga edad, la inteligencia” (Job 12,12). Tienen la savia de la historia, que sube y fortalece el árbol para que crezca. Todos los que se dedican a la educación (familia, escuela, espacios no formales, medios de comunicación, etc.) han de crear espacios de encuentro donde los mayores tengan palabra y protagonismo. No debemos aparcar a los mayores, pues siguen siendo muy necesarios porque tienen la función de custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar a los pequeños.

En la carta que escribió el papa Francisco con ocasión de la primera jornada de los abuelos y mayores (veinticinco de julio de 2021), recuerda que los ancianos son indispensables para construir el mundo del mañana sobre tres pilares: los sueños, la memoria y la oración; inspirado en las palabras del profeta Joel: “Sus ancianos tendrán sueños, y sus jóvenes, visiones’” (Jl 3,1). Los sueños se entrelazan con la memoria para construir un mundo más justo y más humano.

Revista RyE   N.º358   Marzo 2022
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