Si Dios quiere
Publicado en el número 343 de la versión en papel. Octubre de 2020
Aunque son mayores, sigo despidiéndome de mis hijos por la noche diciéndoles: “Hasta mañana, si Dios quiere”. Estos meses me he sorprendido pensando que esta expresión que fue tan popular en otros tiempos hoy cobra más sentido, porque, realmente, no sabemos muy bien qué nos depara el día siguiente: si podremos salir de casa o si estaremos infectados y tendremos que volver a ella a confinarnos. No sabemos si las rutinas escolares que acordamos ayer podremos cumplirlas mañana. Todo se desarrolla en un clima de incertidumbre. Lo educativo es un mundo de rutinas y está quedando muy afectado por los continuos cambios. Uno de los ámbitos más afectados es la confianza. La confianza de las familias en los centros como institución capaz de abordar esta situación. La confianza de las familias en los docentes como profesionales que enfrentan adecuadamente las “nuevas rutinas”. La confianza de los docentes en sus equipos directivos como líderes den respuesta no solo a las necesidades del alumnado sino a las de los docentes. La confianza del alumnado en sus educadores, que son ejemplo de vida. Y quizá la más importante: la confianza del docente en sí mismo, desbordado, que saca toda su creatividad para poder responder a la situación. Confianza.
Repetir “si Dios quiere” es un acto de confianza. Sabemos que Dios quiere y nos quiere, y por eso confiamos. Pero también sabemos que la vida tiene sus propios recorridos. Confiar nos da fuerzas para seguir adelante. Cada día con los alumnos es un regalo, en lo inesperado, en la preocupación, en los cambios. Dios nos los pone delante para hacer crecer en ellos la confianza básica. Quizá el trabajo más importante de estas primeras semanas escolares es darnos confianza. No hay nada garantizado, pero estamos preparados porque confiamos que, “si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Sant 4,15).

