Cultura del pensamiento en el área de Religión
El alumnado del siglo XXI debe estar preparado para enfrentarse a un futuro cambiante e incierto, por ello deben ser creativos, flexibles y pensadores críticos. Sin embargo, el modelo educativo tradicional no permite hacer de esto una realidad.
La necesidad de enseñar a pensar no es nada nuevo. Muchos profesores llevan décadas, por no decir siglos, utilizando en el aula metodologías novedosas que fomentan la capacidad crítica, la resolución de problemas, la toma de decisiones, etc., aunque no ha sido hasta más recientemente cuando ha empezado a quedar constancia de estas técnicas y se han convertido en objeto de estudio.
En una cultura de pensamiento, los estudiantes reconocen que el pensamiento colectivo e individual es valorado, visible y promovido activamente como parte de la experiencia cotidiana de todos los miembros de un grupo. Este tipo de cultura puede darse en cualquier espacio donde el aprendizaje juega un rol importante y el objetivo esencial de esta cultura es llegar a una buena comprensión del aprendizaje.
Pensar para aprender
Desde que nacemos y aún antes, estamos pensando, estamos realizando una función que es innata del ser humano. Pero si bien todos nacemos con la capacidad de pensar, es necesario un trabajo focalizado del pensamiento para que alcance niveles cada vez más altos de desarrollo y no quede limitada a una función automática de la tenemos poca o ninguna conciencia. Perkins (1998), explica que desde pequeños, los niños se tienen que desarrollar inmersos en una cultura del pensamiento, para que al llegar a jóvenes y adultos puedan estar atentos y hacer frente a situaciones complejas, como organizar el tiempo y establecer una buena estrategia en el estudio, poder entender el punto de vista de otra persona aunque piense diferente, ser críticos frente a un discurso, encontrar caminos laterales cuando una situación aparenta no tener salida, detectar y hacer frente a rumores infundados.
Las investigaciones realizadas por el equipo del Proyecto Zero, establecen que la mayoría de las personas tienen las habilidades, actitudes y alertas de pensamiento sin desarrollar. Se muestran pasivos e indiferentes frente a circunstancias que provocan el pensamiento, están insensibles frente a señales que invitan a reflexionar, no cultivan actitudes de pensamiento profundo, tales como: cuestionar las evidencias, ir más allá de lo obvio, ver el lado oculto de las situaciones, pensar diferente al menos por un tiempo y aprovechar todas las oportunidades que inciten a la reflexión. Por esta razón es importante que los niños y jóvenes aprendan estas actitudes, habilidades y alertas que son promotoras del pensamiento, pero que no pueden desarrollarse de forma espontánea.
(Cfr. Cultura de Pensamiento. Aprender y enseñar a pensar. URL: https://libros.catedu.es/books/alfabetizaciones-multiples-mas-alla-de-la-lectura/page/cultura-de-pensamiento-aprender-y-ensenar-a-pensar)

Por tanto, como conclusión a este análisis, se puede decir que si desde la escuela queremos dar respuesta a los cambios de la sociedad, los docentes debemos preparar a nuestros alumnos para ello, para que se enfrenten satisfactoriamente a su vida. Para que esto ocurra, los docentes debemos trabajar la cultura de pensamiento en nuestras aulas, también desde el área de Religión.
Aquí encontrarás una serie de enlaces a distintos artículos y recursos publicados en esta web para fomentar la cultura del pensamiento desde el área de Religión:
- Desarrollar el pensamiento en el área de Religión (1)
- Desarrollar el pensamiento en el área de Religión (2)
- La metacognición en nuestras clases
- ¿Cómo mejorar la comprensión lectora desde el área de Religión?

