La diferencia importa

Las diferencias importan. Y mucho más en un lugar donde se produce aprendizaje todos los días. La educación en una vivencia acogedora de la alteridad en la escuela es fundamental para acompañar el crecimiento de una persona tolerante. Nadie nace con prejuicios. Los niños no desarrollan su capacidad de crítica hasta el desarrollo de la conciencia moral en la segunda infancia. No suelen discriminar por cuestiones de idioma, raza, clase o sexo. Su lenguaje es el del juego y el de la interacción basada en límites y proposiciones. Por eso su comportamiento va a depender del entorno en el que convivan (familia y colegio, sobre todo) y de lo que observen en estos ambientes. Con el paso de los años, nos apropiamos inconscientemente de muchos prejuicios que están en el ambiente. De esta apropiación derivan unos valores que después transmitiremos a otros.

Un aprendizaje por imitación que hay que cuidar especialmente en la escuela. Aprender a respetar las diferencias, ya sean de raza, cultura, religión o discapacidades, no solamente es canal de comunicación en un mundo cada vez más globalizado, sino que es un potente catalizador de solidaridad. Me refiero a que, propiciando la tolerancia, se valora y acepta la diferencia, entendiéndola como un don y no como un problema. De esa manera se evita tomar decisiones basadas en prejuicios y estereotipos. Pero no solo eso, sino que nos enseña realidades nuevas que nos llevan a otros pensamientos y otras posibilidades. Esto favorece el pensamiento divergente (creativo) y amplia la mirada de la persona, haciéndola más sensible a los cambios y a los matices con constituyen a las otras personas.

Los matices importan, nos acercan en vez de distanciarnos. Una escuela atravesada por la aceptación de la diferencia en vez de centrada en la uniformidad impacta en la sociedad ayudando al diálogo y la colaboración de todos los actores de la sociedad.

Revista RyE   N.º 357   Febrero 2022
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